Bienvenidos a mi blog. He creado este por que tengo un montón de historias en mi mente que me gustara compartir. Miles de mundos y personajes siempre me acompañan, decidí, que era hora de hacer que fueran conocidos. Quiero, que sean capaces de expresar y soñar junto a mi. Espero, que les guste mi casa y tendrán una voz aquí. Mi cariño y amistad también.
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lunes, 21 de marzo de 2016

Un Sentimiento Prohibido de Laura Peñafiel Manzanares.

Hola,  ¿cómo  les  va?  Aún  sigo triste , por  la  sorpresiva  partida  de   mi amiga Laura  Peñafiel Manzanares.  Una fiel amiga,   gran bloguera  y  excelente  escritora.


A pesar  de  la pena  de la pérdida .   Yo  creo que  mientras   uno  siga teniendo  a esa persona en el corazón  siempre estará a su lado. Además   siempre tendremos  sus letras;  un  gran escritor siempre estará  vigente por sus historias.  Hoy les traigo una   historia  que me regaló un día en el que me  hallaba  triste.  Es  muy hermosa  y cortita  espero que  les  guste  tanto como  a mí.

Un Sentimiento  Prohibido



Corría el año 1800. 
        Los recuerdos acudieron a la mente de Emma. Recuerdos acerca de lo que había ocurrido antes de viajar a Buenos Aires.
        Había visto a aquel joven muchas veces mientras paseaba por la calle con sus primas. Era el joven más guapo que jamás había visto.
        Los ojos de Benjamín recorrieron el rostro de Emma impresionado por aquellos rasgos tan perfectos y hermosos. Tenía el cutis sedoso al tacto. Sus ojos eran enormes, de un intenso color verde. Y su cabello era negro como la noche.
        Había nerviosismo en los ojos de Emma cuando sus miradas se encontraron.
        Benjamín estaba fuertemente impresionado por la belleza de aquella joven. Se sentó en el banco junto a ella, sin dejar de mirarla. Era la muchacha más hermosa que jamás había visto. Alta… Graciosa … Con aquellos ojos de color verde que brillaban como la esmeralda más hermosa…
        ¿Sólo eso? ¡Conocía a Benjamín desde siempre! ¡Era su primo!
El trayecto en barca se estaba haciendo eterno. Cada golpe de remo acercaba a Victoria hasta su hogar. Volvía a casa. 

—¡Volveré a ver a Benjamín! —exclamó feliz.
—Siempre es una alegría encontrarse con un ser querido—opinó Emma.—
—¡Tú también deberías de estar contenta! Benjamín te adora. Cuando estuvimos en Madrid, no se separaba de ti ni un solo instante. Eres como una hermana menor para él.
Emma miró a sus padres. Éstos también estaban contentos de ver de nuevo a Benjamín. Y ella no sabía qué pensar.
Benjamín era su primo. El hermano menor de Victoria…
Sentada al lado de Victoria estaba su hermana menor, Emma. La chica guardaba silencio. 
Victoria estaba en una edad que se podía considerar peligrosa. 
Todavía no se había casado. 
Su mejor amiga, Paz, era viuda. Paz había sido educada para convertirse en la esposa perfecta. 
Se enamoró de un apuesto terrateniente, don Lucas Cortés. 
Se dejó llevar por todos los besos que él le dio, pero sin llegar a nada. 
Por desgracia, Paz terminó casada con Alfonso, el hijo adoptivo del médico de su familia. 
No tuvo hijos con él. El matrimonio había durado unos dos años. 
Paz hablaba pestes de su vida íntima. 
De cómo su marido le levantaba el camisón con tanta rudeza que se lo desgarraba. Cómo le aplastaba la boca con la suya cuando estaban juntos en la cama. No había logrado sentir placer alguno cuando yacía en la cama con él. 
Tras la muerte de Alfonso, Paz se había quedado sola. Ni siquiera podía ir a buscar a don Lucas. Seguía amándole con todo su ser. Pero su amado, tras haberse quedado en la ruina, había partido a España. Paz era demasiado cobarde como para seguirle. De modo que se había quedado allí. 
Victoria había ido a verla muchas veces. Paz llevaba la vida de una ermitaña. No salía a la calle. Victoria pensaba que ella nunca se casaría. Por ese motivo, debía de mirar bien por su hermana y por su prima. 

—¡Ya estamos llegando!—trinó Emma.
—No te pongas de pie —la regañó Victoria—Te puedes caer.
—¿Cuándo veremos a Benjamín?
Emma admiró la belleza de su prima. Victoria, Celia y ella venían de una familia adinerada. Estaba emparentada su familia con la aristocracia española.
—Tienes muchas ganas de ver de nuevo a mi hermano —observó Victoria, risueña—¿Se puede saber el porqué?
—Lo echo de menos-contestó Emma.
Finalmente, llegaron a su destino. La isla de Zuraita…
La barca quedó varada en tierra. Emma no podía creerse lo que estaba ocurriendo.
¡Estaba de nuevo en casa!
Oyó a Celia gritar llamando a su hermano. Benjamín se estaba acercando al embarcadero. Sólo tenía ojos para Emma. ¡Cuánto la había echado de menos!
—Prima…—murmuró al verla—¡Qué gusto me da verte!
Los nueve meses que habían transcurrido desde que se vieron por última vez habían supuesto una verdadera tortura para Emma.
Se aburrió como una ostra en las tertulias a las que acudió. Cierto era que tenía dieciocho años y estaba en edad casadera.
No le gustaba nada bailar y tenía que acudir a aquellas fiestas tan aburridas. Sólo encontraba cierto alivio cuando estaba con sus primas.
Le gustaba salir a pasear a pie con ellas. Pero Victoria sólo tenía en mente una idea. Emma debía de casarse. Y debía de casarse con un buen partido. Con respecto a Victoria, había tirado la toalla. Nunca se casaría.
Emma sentía dolor de cabeza. ¿Acaso había olvidado los nombres de aquellas damas con las que había tomado el mate muchas tardes? Así era.
Emma era la única hija de los tíos de Victoria, Benjamin y Celia.
Emma asistió a numerosas veladas literarias. Le gustaba hablar de libros.
También asistió a multitudinarias cenas.

De la mano de Victoria, Emma empezó a asistir a los salones de té de la ciudad. Y empezó a asistir también a bailes.
Los bailes fueron lo que más deslumbró a Emma. Victoria parecía disfrutar de su papel como patrocinadora de su prima. Le indicaba quién era quién.
Emma se sentía bastante torpe a la hora de alternar con aquella gente. Se sentía incómoda en los bailes.
Tenía dieciocho años. Su padre decía de ella que parecía un ratón de biblioteca.
En un primer momento, la agitada vida social que encontró en Buenos Aires la deslumbró.
Una vez superado el encanto de los primeros días, Emma empezó a soñar con la idea de volver a la isla de Zuraita. Su hogar…
Varios fueron los caballeros que besaron sus manos.
Todavía recordaba el escándalo que había protagonizado Victoria unos años antes. Todos decían que había arruinado por completo su reputación. Visto con perspectiva, Emma creía que todo el mundo estaba exagerando. Que eso no podía ser cierto. ¡Pero lo era!
¡Un caballero la había besado en la mejilla durante el transcurso de una velada literaria!
Ocurrió durante la primera temporada de Victoria en sociedad. Se había tratado de una apuesta. Un caballero había apostado a que era capaz de alterar los nervios de una joven debutante. No sólo logró alterar los nervios de Victoria. Había arruinado su reputación.
Victoria regresó a Zuraita. Estaba destrozada. Lo único que hacía era llorar. Se sentía humillada.
El padre de la joven intentó pagar la ofensa.
Retó en duelo a aquel caballero. Pero éste se negó a satisfacer su requerimiento. Era un cobarde. Tan sólo buscaba divertirse.
Alegó que ni siquiera había besado a Victoria en los labios.
Ella lo había visto antes. Le había parecido el hombre más apuesto y viril que jamás había conocido.
Pensó que, al besarla en la mejilla, demostraba que estaba interesado en ella.
No había sido así. Por ese motivo, nunca se casaría.
Benjamín besó a Emma en ambas mejillas.
Estaba muy contento de volver a verla.
Los días siguientes transcurrieron de manera rápida.
Las tres jóvenes no tardaron en acostumbrarse a estar de nuevo en casa. Vivían muy pocos vecinos en Zuraita. A veces, cuando acudían a visitar a alguna vecina, Emma tenía la sensación de que Victoria se aburría. A ella le gustaba más vivir en Buenos Aires.
No era como Emma, que prefería acudir a conciertos caseros. Que disfrutaba con aquellos pequeños bailes que se celebraban. Y su pareja en aquellos bailes era Benjamín.
Disfrutaba dando paseos por la orilla de la ría de Bahía Blanca. Podía verse desde allí toda la ciudad de Punta Blanca. Era una afición que compartía con su primo Benjamín, con su prima Celia y con Luis, su vecino. Éste último era el mejor amigo de Celia.
Disfrutaba yendo a tomar mate a la casa de alguna vecina. Recibiendo visitas. Era muy buena tocando el arpa. Solía dar conciertos caseros para entretener a su familia. Vivían en la casa más grande que había en toda la isla. Y su casa siempre estaba llena. Toda la familia vivía allí.
Emma se ponía nerviosa cada vez que Benjamín la miraba.
No olvidaba el beso que le había dado en los labios poco antes de partir con destino a Buenos Aires. 
Existía algo entre ellos. Era un sentimiento que no sabían cómo definir. Que sólo ellos dos conocían. 
Emma no quería regresar a Bueno Aires. Quería quedarse en casa con Benjamín. Si cerraba los ojos, soñaba con él. 
A Benjamín le ocurría lo mismo. No podía estar con otra mujer que no fuera Emma. 
Emma y Benjamín deseaban no sentir aquel sentimiento que nacía en sus corazones.
Un sentimiento que les llevaba a besarse en la boca. 
Se besaban con ardor en el hueco de la escalera. 
Emma se sentía culpable. Se reunía para rezar el rosario con su familia en el salón. En ocasiones, terminaba llorando. Victoria se daba cuenta de ello.
Todo el mundo les veía raros. Emma se ponía muy colorada cuando Benjamín le hablaba durante la cena. 
—¿Qué vas a hacer hoy?—le preguntaba Emma, durante el desayuno—¿Irás a lo de los Sánchez?
—Es que ellos también celebran tertulias—respondía Celia. 
Benjamín no decía nada. No se atrevía a mirar a Emma a los ojos. 
Podía delatarse. Podría delatarla a ella también. Era un Infierno estar tan cerca de ella. 
Sentir aquel fuego que Emma había encendido en sus venas. Era un pecado. Los dos lo sabían. Luchaban contra él. 
Pero aquella lucha les agotaba. Les hacía querer rendirse. 
No querían quedarse a solas. Tenían miedo de lo que pudieran hacer. 
Por suerte, nunca estaban a solas. Victoria y Celia solían acompañar a Emma a todas partes. Iban a visitar a la modista, que vivía en Punta Blanca. Celia había viajado siendo muy niña a Buenos Aires. Tan sólo tenía dieciséis años. 
Necesitaba un vestuario nuevo. Lo malo eran las noches. 
Victoria y Celia compartían habitación. Pero Emma dormía sola. Benjamín podía ir a su cuarto, si así lo deseaba. 

—¡Y no sé qué hacer si me despierto en mitad de la noche y me lo encuentro acá!—se inquietaba la joven cuando se quedaba a solas en su recámara—¿Qué puedo hacer?
Victoria estaba empeñada en casar a Emma a toda costa con un buen partido. Habían salido las tres jóvenes. Se sentaron sobre la hierba. Celia había sido muy clara con su hermana mayor. No quería regresar a Buenos Aires. Sería como ella. Una solterona…
—Espero que vos no sigáis los pasos de mi hermanita—le advirtió Victoria a Emma—Cásate. Ten muchos hijos.
—Vos sos la que debéis casaros—replicó Emma—Sos todavía joven.
—¿Te has vuelto loca? Soy una mujer mancillada. ¿Acaso lo has olvidado? Ningún caballero decente querría fijarse en mí.
—¡Es una tontería!—exclamó Celia.
—¡Vos no estabas allí cuando ocurrió!
—Prima, tenés veintiún años—le recordó Emma a Victoria —Puedes casarte si así lo quieres. ¿Es que te gustó el caballero que te hizo eso? Miento. Fue un necio. Ni siquiera puedo llamarlo canalla. Sólo te molestó. Y la gente convirtió una nimiedad en una depravación.
—¡Emma!—se escandalizó Victoria—Eso no fue lo que pasó. Yo…
Tuvo que guardar silencio. Reconoció para sus adentros que Emma tenía razón. Se iba a quedar soltera por culpa de un recuerdo.
Los días siguieron su curso. Victoria seguía empeñada en buscarle un marido a Emma.
La joven no le hacía caso. Sólo podía pensar en Benjamín. ´
En las semanas siguientes, cuando acudía a casa de alguien a tomar una taza de mate, a Emma le presentaban numerosos jóvenes.
—¿Quiénes son?—solía preguntarle a su prima Victoria.
—Son tus pretendientes—respondía ésta.
—¿Cómo?
Emma solía poner una excusa para irse lo antes posible y dar un paseo antes de volver a casar para despejar su mente.


Benjamín acabó enterándose de los planes de su hermana. Planes con los que sus padres y sus tíos, los padres de Emma, estaban conformes.
Una noche, Benjamín se atrevió a deslizar una nota en la mano de Emma. Le había costado muchísimo trabajo atreverse a escribirla. Le había dado miedo ser rechazado por Emma.
La citaba fuera de casa a medianoche. En la orilla de la ría…
A pesar de que era una locura, Emma aceptó encontrarse con él.
Eran ya las doce de la noche.
El corazón de Emma latía a gran velocidad. Benjamín la estaba esperando. Emma se había puesto una capa encima del camisón.
Al llegar a la altura de su primo, éste la abrazó con fuerza.
—Te amo—le confesó.
El corazón de Emma se paralizó al escuchar aquella confesión. Llevaba mucho tiempo temiendo escucharla.
Pero, al mismo tiempo, deseaba oírla. Deseaba saber que su amor era correspondido. ¡Y así era! Pero era una locura.
—No podemos seguir con esto—le pidió Emma con la voz ahogada—Es un disparate.
—No pienso permitir que mi hermana quiera casarte con otro hombre —le aseguró Benjamín con la voz desgarrada.
—Por favor…
Benjamín no quería detenerse. No sabía lo que sería de ellos a partir de aquella noche. Sólo sabía que su corazón pertenecía a Emma.
—Sé que tú también me amas—le aseguró—. Entiendo que trates de negartelo a ti misma. Los dos somos conscientes de que este amor no está bien—. Le cogió las manos—. Pero hemos de ser honestos.
—¿Honestos?—se sobresaltó Emma.
—Nos amamos.
—Tú estás enamorado de mí. Y yo estoy enamorada de ti.
La voz de Emma era apenas un susurro. No quería estar allí. Quería estar allí.
Estaba muerta de miedo. Pero sentía miedo de sí misma. Su corazón latía a gran velocidad.
De pronto, sintió los labios de Benjamín apoderándose de sus labios en un beso cargado de avaricia.
Emma dejó de pensar. Tan sólo quería sentir.
Sintió sus manos despojando a Benjamín de su ropa.
Los dos cayeron sobre el suelo.

Emma sintió en sus labios todos los besos que le dio Benjamín. Notó cómo la lengua de éste trazaba círculos en su cuello. Cómo volvía a su boca y Emma podía devolverle todos los besos que éste le daba. Notó cómo las manos de Benjamín acariciaban su piel por debajo del camisón. Y cómo la estrechaba contra su cuerpo.
Mientras estemos juntos, todo irá bien, pensó Emma con alegría.

FIN

Espero que les haya gustado el relato de Laura si desean leer más de sus maravillosas historias su blog continúan abiertos
Sus  blogs  fueron: http://blogdeepoca.blogspot.com/
http://unblogdepoca.blogspot.com/
http://romanticalilit.blogspot.com/

Tengan  una  buena semana





lunes, 23 de noviembre de 2015

Libro de relatos de Halloween 2015 en DESCARGA GRATUITA.

Hola,  ¿cómo  les va? Hoy  les  traigo  un libro  del  que soy  parte.  Los  chicos de Acompáñame    realizaron  como  todos  los  años   un  reto  de  haloween  que  termina  en  un   libro de relatos.

Si desean leer  historias  muy buenas y  que  los llenaran de  terror ,   bajen  el libro.  Aqui les  dejo  el  link  del  blog y la entrada  : http://podemos-juntos.blogspot.com/2015/11/libro-de-relatos-de-halloween-2015-en.html
Y  el link  para   bajar el libro : bajar 

Les  deseo una  buena semana y cuidense del frío



martes, 13 de marzo de 2012

Seductora Luna de chocolate. Libro completo

Con mucha ilusión y alegría les pongo esta historia completa si quieren bajarsela. Las chicas de novelera romántica la han corregido por mi y le han puesto esta maravillosa portada. Deben visitar su  blog hay muchos libros y las chicas  son geniales. 






Espero que la historia les guste y les deseo un lindo martes.


Para  bajarla  Descagar versión pdf
                        Descargar Versión word

viernes, 29 de julio de 2011

El ladrón y la princesa ( Libro completo)

Bueno  antes de empezar con mi nueva novela y  a pedido de  algunas  lectoras. Decidí  colgar completo  esta historia por  si la desean descargar.

Nuevamente  pongo la  reseña  y muchas  gracias  a las personas que leyeron esta historia. Les mando un beso y les deseo un buen fin de semana. 

El ladrón y la princesa 




Garnier, amo a Yusbel Rostov desde la primera vez que la vio, aunque solo fue en un retrato. La segunda vez que la encontró, no estaba seguro si era una impostora y la tercera vez que la tuvo junto a él le dio su corazón a pesar de que sabía que ella ni siquiera estaba enterada de su existencia.

Yusbel,no sabía lo que era amor, pero siempre lo añoro lo deseo. La primera vez, que vio a Garnier Lafebre le tuvo miedo, la segunda vez que lo miro, pensó que era un sueño y se dejo envolver con su música y su esperanza y la tercera vez, que lo vio fue decidida a conquistar su corazón y le entrego el suyo.

Las clases sociales, el miedo y las intrigas lo separan. Pero su confianza su amor y su gran pasión lo unen.

Aquí les dejo el link de descarga 




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