Hola , ¿ cómo les va? Yo estoy con frío, pero algo mejor. Como saben estoy participando en los retos
de los chicos de acompáñame Esté es el último reto que nos tienen preparado :
Este es el tercer y
último reto que os proponemos en Halloween, y se trata de un pequeño
relato que saldrá en un libro que podréis descargar de manera gratuita,
vosotros y vuestros seguidores.
Para participar, es necesario ser seguidor del blog y
seguiremos con el número 666, esta vez al completo con sus tres cifras, y
tendrá que ver con uno de los anteriores retos.
Con una de las fotos de título libre que han sido presentadas
al anterior reto, la que más te guste, pero si no es la que pusiste tu mejor, hay
que hacer un relato que contenga 666 palabras y que se enmarque en el tema
del terror.
Antes de poner el relato deberás especificar:
FOTO ELEGIDA:
BLOG DE LA PERSONA DUEÑA DE LA FOTO:
TÍTULO DE LA FOTO:
El relato, poesía, prosa… solo podrá tener 666 palabras y en
el post de vuestro relato, debéis colgar la foto elegida.
Bueno ahora les colgare, mi relato. espero que les guste y les asuste un poco. Antes de colgar el relato, tengo que poner las condiciones del reto.
FOTO ELEGIDA: La Número 1
TÍTULO DE LA FOTO: Entre Tinieblas
Bueno ahora sin más tardar colocó mi historia.
El llamado de las sombras
Caminó, con prisa,
pronto va a llover. Me estremezco de miedo, quiero llegar a casa.
La gente cruza a mi lado como fantasmas vacíos. Pensar
que antes mi vida era tan distinta cruzo la calle.
Entró a mi hogar y enciendo una vela.
Comienza a llover
cada gota que cae en la tierra es como un motón de
agujas que torturan mi cuerpo. Las luces y todo lo que
hay a mi alrededor se vuelve negro y es tragado por las sombras.
Solo la luz de una vela junto a la virgen
brilla anunciando esperanza.
Como siempre que
llueve recuerdo el día que mi mundo cambió:
Fue hace 7
años a mediados de julio. Iba a pasar mi primer
verano, sola en el apartamento que mis padres tenían en
Atacames. Salí de Quito, con mi enamorado de esa
época; un chico realmente guapo y algo tonto.
Fuimos en su
automóvil, con ilusión de pasar un verano genial. No sé en
qué momento nos perdimos. Terminamos a un pueblo perdido
escondido en las montañas. A pesar de
que era de noche encontramos un hostal. Aún recuerdo el
rostro triste de la mujer que nos atendió. Su faz se
me aparece en sueños, al igual que sus palabras
y su advertencia.
A la mañana
siguiente, salimos del hostal y en lugar de ir
a nuestro destino nos pusimos a explorar el pueblo. La
zona estaba casi vacía, había unas cuantas
casas de adobe y todos los habitantes,
con los que nos cruzábamos poseían una mirada muerta. Cruzamos algunas calles de adoquín en busca
de un lugar en donde comer.
Vimos una iglesia
vieja, muy bien mantenida; tal vez de la época
de la colonia que era un contraste con las
edificaciones de aquel pueblo olvidado. La mujer
nos había a tendido en hostal se nos
atravesó impidiéndonos ir al templo.
—Señorita, no
entre en la iglesia, si no es creyente.
Observe como
hipnotizada la fachada algo me impulsaba a ir hacia
allá. Mi enamorado, me impidió cruzar y preguntó
por un lugar en donde desayunar. Ella nos indicó un
sitio alejándonos de la iglesia.
Fuimos a un café.
Mientras comía solo podía pensar en la iglesia. Sentía
como si alguien importante estuviera dentro y me
buscará.
Salimos del
establecimiento en busca de nuestras cosas y de nuestro
auto. Nos marchamos, pero el coche se dañó
enfrente de la iglesia. Salí del automóvil sentía que alguien
me llamaba y por más que intentará alejarme era mucho más mi
necesidad de entrar.
Juan apenas
me miraba estaba concentrado en reparar su
camioneta. En lugar de ayudar. Subí las gradas del edificio.
La mujer del hostal iba a impedirme el ingreso,
mas cayó un fuerte trueno e hizo que se santiguara
y saliera asustada.
La iglesia era
hermosa. Tenía numerosas imágenes de la virgen en
marcos de oro macizo y los alteres estaban
llenos de velas, espantando a las sombras. Sin
embargo, a lado de los confesionarios estaba
oscuro. Oí que alguien dijo mi nombre y me acerque
a las sombras.
Un cura
viejo al que no podía ver el rostro estaba
arrodillado rezando. Me miró y me dio una vela con
voz de ultratumba me dijo.
—Encienda
una vela y tenga fe o las sombras se la
llevaran.
Me estremecí, mi
novio entró en el lugar y me saco de ahí antes
de que pudiera encender la vela o agradecer al
párroco. Comenzó a llover, el carro ya estaba bien.
Fuimos hacia la carretera, pero mientras avanzábamos una niebla nos
rodeó. Se hizo tan fuerte que no podíamos ver nada.
Las sombras se cernieron sobre nosotros y
mientras llovía sentía que alguien lastimaba mi piel. Lo
peor era que no podía ver nada.
La oscuridad
y el dolor parecían a punto de devorar mi alma grite por mi
pareja, pero nadie me respondía. Con mis últimas fuerzas
encendí una vela y rece. Las sombras se
fueron, pero siempre que llueve me buscan esperando encontrarme
a oscuras para tomar mi alma.