Hola , ¿cómo les va? aquí les traigo el último capítulo que publicaré este año. Espero que les guste . Es un poco corto y algo romántico, diciendo esto me despido y les dejo con el fragmento.
Capítulo 18
Ramoncito tomó el último emparedado de jamón con queso , sin importar que Sebastián lo miraba como si estuviera dispuesto a matarlo. Se merecía algo de comida por pelearse con su madre para ir a ayudar a Ana con los deberes. Por fin entre él y el pintor lograron que Ana entendiera factoreo o eso esperaban ambos. Cuando Ramoncito se fue era más de medianoche, le hubiera gustado quedarse , pero su mamá empezó a llamarlo constantemente y a Ana le quedaban pocos ejercicios por acabar.
Sebastián aunque no le quería reconocer agradeció la ayuda del vecino de Amelia . Bostezo mientras Ana termina otro ejercicio, Amelia se había ido a dormir y aún faltaba por lo menos una hora más de trabajo.
—¿Por qué lo haces?
Sebastián se frotó la cabeza — Era pésimo en química, me sentía un burro. Siempre me pregunte ¿ por qué a otros les resultaba tan fácil los ejercicios y yo por más que lo intentaba no podía? Cuando te mire con la tarea fue como regresar en el pasado.
Ya perdimos tiempo suficiente muéstrame el ejercicio.
Ana hizo lo que le pidió, se quedaron hasta las 3 de la madrugada. Aunque no lo quería reconocer Sebastián era perfecto para su hermana ; era trabajador, paciente y persistente. Aunque era algo , necio y apenas hablaba, cosa que a ella le desesperaba.
—Deja de soñar despierta y termina el último ejercicio.
Ana obedeció, mientras refunfuñaba en voz baja. Sebastián estaba listo , para marcharse , pero la hermana de su novia no lo dejó. Con renuencia se acostó en el sofá , muy cansado.
Amelia salió de su cuarto, a tomar algo de agua aún faltaba una hora para que hiciera el desayuno. No le sorprendió ver a Sebastián en la sala dormido cubierto por una manta. Ella misma le había dicho a su hermana que si acaban muy tarde, que convenza a su enamorado de quedarse a dormir.
Caminó con mucho cuidado para no despertarlo, cuando miró al pintor la sed y cualquier pensamiento desapareció de su mente. Sebastián dormía plácidamente. Amelia miró el rostro de su pareja tan hermoso y pacífico, por un momento quiso tocarlo, pero no lo hizo Se quedó parada sin saber qué hacer. Oyendo la profunda respiración de su enamorado, recordó una cita del programa Dawson Creek; en una escena que Pacey veía dormir a Joey que decía algo así “que cuando velamos por el sueño de alguien realmente lo amamos”.
Amelia sintió que le faltaba la respiración, estaba perdida enamorada de Sebastián de su paciencia , de su dulzura, de sus silencios. Hasta de su tozudez y mal genio. Se dio cuenta de que por primera vez deseaba vivir con alguien más, además de Ana . Quería compartir una vida junto a Sebastián a pesar de su mal empleo y de las dudas de ella sobre los matrimonios. Nada podía interferir en su relación . En ese preciso instante unos ojos rojos se reflejaron en la ventana . Amelia se estremeció al ver al demonio que le acechaba, que tonta fue en pensar en el futuro. No se dio cuenta de que la mano de Sebastián tocó su pierna y la empujó al sofá.
—¿Qué haces?
—Te llevo a mis brazos , donde debes estar .
Amelia se colocó encima de él y lo besó con pasión . Úvatar estaba harto de como Amelia cada día se alejaba más de su influencia negativa. No podía soportar que ella fuera feliz. Un trueno retumbó en el ambiente, pero ninguno de los chicos prestó atención, pero si los guardianes que lo cazaban. Úvatar huyó furioso consigo mismo, esperando que pronto el alma de Amelia sería suya.
Sebastián besó a Amelia al principio de forma suave, pero el leve contacto no era suficiente. Profundizó su caricia en un beso demandante que no daba lugar a miedos .
Estuvieron por un buen tiempo acariciándose mutuamente. El cuerpo de Sebastián ardía de deseo, su miembro estaba duro. Lo único que pensaba era enterrarse dentro del cuerpo de Amelia y hacerla suya. En voz baja contra su piel — Eres tan hermosa, adictiva. Desde la primera vez que te vi entraste en mi corazón. Te deseo , tanto.
—Ana ...
—Lo sé, solo quiero esperar el amanecer junto a ti.
Amelia abrazó más fuerte entrelazando su cuerpo con él igual que su alma. Prometiendose en silencio que siempre estarían juntos.
Ana despertó muy cansada. Amelia casi tuvo que tirarle agua en la cara.
—Buenos días, ve a bañarte.
— Buenos...,— Ana volvió a dormir.
— Ana
— Amy , dame diez minutos más.
—Ya te di cinco minutos, más.
—Solo un minuto más.
— Voy a abrir el agua, espero que estés levantada o te arrastro a la ducha.
Ana prefirió obedecer a su hermana , más dormida que despierta caminó como zombi al baño.
En la cocina estaba Sebastián tomando jugo de naranja, le ofreció a Ana un vaso.
—Buenos días.
—Buenos días, Sebastián, gracias.
— De nada.
—No te agradezco por el jugo, si no por ayudarme ayer.
Sebastián asintió. complacido de que empezaba a entenderse con Ana. Amelia entró estaba hermosa con una camiseta rosa y un pantalón vaquero. Le sonrió a Sebastián y a él casi se le cae el vaso de naranja. Ana puso los ojos en blanco y se apresuró a buscar leche para su cereal.
El desayuno, hablaron como si fueran una familia y a Ana no le molesto compartir a su hermana con Sebastián. Era un poco raro , pero le empezaba agradar el pintor. Luego del desayuno Ana terminó de arreglarse, fue a despedirse del pintor y darle de nuevo las gracias, cuando su hermana la alcanzó en la sala .
—Te acompaño a la parada.
— No soy una niña de cinco años.
—A veces, te comportas como tal.
Ana la miró enfadada, abrió la puerta. Intentado no empezar una pelea.
—Debías haberme contado, lo mal que estabas en tus estudios y dejado que te ayude con el trabajo.
—Eres pésima en matemáticas.
— Lo sé, Ana mírame.
Ana observó a su hermana , ella estaba preocupada y a pesar de mostrar eso en sus ojos también había cariño.
—No importa lo que pase siempre estaremos juntos. Tú eres mi vida Ana.
—¿Y Sebastián?
—Estoy enamorada de él, pero eso nunca me alejaría de ti. Tú eres mi sangre, mi hermanita...
Ana abrazó a Amelia con cariño.
—Te quiero Amelia.
Caminaron juntas hacia parada, Amelia esperó hasta que Ana tomó el bus y fue a su casa. Sebastián la esperaba en la cocina, parecía tan cansado y aun así le sonreía con cariño.
—Apenas tomaste un poco de jugo, así que me atreví hacerte algo de desayuno.
—Ahora, me cuidas.
—Siempre, te cuidaré.
Amelia lo besó con ternura. Sebastián rompió el beso con miedo de quemar las tostadas francesas que preparaba para su enamorada. Colocó un plato con café recién hecho y mermelada de fresa. Rompió un pedazo y se lo dio a Amelia
—¿Te gusta?
—Pruébalo.
Amelia lo besó profundamente con hambre de Sebastián sus manos recorrían su camisa y casi cayeron al piso por la forma en la que se besaban.
Espero que les haya gustado el capítulo y les deseo un buen fin de semana .