Bienvenidos a mi blog. He creado este por que tengo un montón de historias en mi mente que me gustara compartir. Miles de mundos y personajes siempre me acompañan, decidí, que era hora de hacer que fueran conocidos. Quiero, que sean capaces de expresar y soñar junto a mi. Espero, que les guste mi casa y tendrán una voz aquí. Mi cariño y amistad también.

lunes, 22 de febrero de 2016

El nuevo libro de Raquel Campos: Tú sonríes y yo me enamoro.

Hola ¿cómo  les va?  Hoy  tengo la alegría  de traerles  una  novedad.  Mi amiga Raquel Campos,   ha publicado  un nuevo libro,  que  parece  genial.
Aquí les  dejo la hermosa portada:





La sinopsis:

Un reportaje sobre un personaje histórico, llevará a Inés al corazón de Florencia. Allí tratará de ablandar el corazón del último Duque Di Pontia, Sandro, que se encuentra perdido en el rencor y la tristeza. Mientras investigan sobre su antepasado, la atracción estallará entre ambos y el peligro irá tras ellos.

El  book trailer:


Aquí les dejo la  página de la autora: http://raecj.blogspot.com/
 y el link  donde comprar  los libros: :  http://www.amazon.es/gp/product/B01BWN5PF8/ref=as_li_qf_sp_asin_tl?ie=UTF8&camp=3626&creative=24790&creativeASIN=B01BWN5PF8&linkCode=as2&tag=httpwwwclub02-21

Les deseo  una  buena  semana   llena de alegrías .





viernes, 19 de febrero de 2016

Ilumina mi corazón. Capítulo 21

Hola, ¿cómo les va? hoy es traigo un capítulo subido  de tono ,   algo  dulce y   un poquitin largo.Van a ver  como la  relación de  Amelia  y  Sebastián  sigue  creciendo.


Capítulo  21


Una  semana   después
Sebastián  estaba revisando el comprobante de pago antes  de   dar la tarjeta  de  crédito  a  Carlos.  Su  amigo ,  espero que  la  esposa del dueño del restaurante   se  fuera lejos  para hablar.
— ¿Cuándo  me presentas   Elena?
—¿Elena?
Carlos  miró   por los  alrededores  antes  de  responder —. La amiga  de  tu novia  Ana Luisa.  
— Su nombre  es   Amelia — dijo  fastidiado  Sebastián   mientras  le entregaba la  tarjeta  de  crédito.
Carlos no  se  dio por  ofendido por la aclaración.  
—  Me  vas a  presentar  Elizabeth.
—El nombre  de la  amiga  de  Amelia  es  Heli.  No entiendo  como   teniendo   tanta  novias,  esposa  y   amigas  especiales   no   te confundes  con sus nombres.
Carlos  puso  la  tarjeta de  crédito del cliente    en una  bandeja  de plata.  —Tengo una agenda  en donde  pongo    los nombres    de    mis chicas,  sus fotos ,  teléfonos, datos personales,   estrellas  y esas  cosas.
— ¿Estrellas?
— Su  desempeño,  en el amor...
Carlos dejó  de  hablar  al  ver  a   la dueña  del restaurante  acercándose   a  ellos. Marian  fingió no  darse cuenta  que Carlos  estaba sin cumplor con su trabajo.   Todavía no  era  la hora pico  y   no había mucho movimiento en ese momento.  Miró  a Sebastián  que  le  sonrió con aire  de inocencia.
— ¿Hay  reservaciones?
— No  ha llamado  nadie, parece  que   el día está algo  flojo.
Marian  asintió  y   se  fue a la cocina.
Sebastián aburrido se  acomodó  en  la  silla, cuando sintió  que  su celular  vibraba.   Lo tomó  revisando  que  Marian o  algún cliente  lo encontrará  infraganti.  Esperaba que fuera  Amelia  o  doña  Caridad,  pero     el  número era    desconocido. Algo intrigado atendió el teléfono, para comprobar quién era.
— Buenas tardes.
Una voz  desconocida  y altanera de una mujer le  respondió —.  Es  el señor Sebastián  Contreras.
— Sí,  ¿qué desea?
—Le llamo de parte  del  Ingeniero  César  Contreras,  él desea   preguntarle ¿ si podría  reunirse en su empresa  a  las  9  de  la mañana?
Sebastián frunció el  ceño, no deseaba volver a ver   a su padre.  Sin embargo,  no le queda  más  remedio.
—¿Puede ser a las  diez de la mañana?
—Espere,  voy a preguntar al ingeniero.
— A las  diez  y media.
—Por mí está  bien. 
La  mujer  colgó  sin decir nada más.  Sebastián  sintió un dolor  en todo el cuerpo y una  sensación  de  desasosiego que le  arruinó el día.
Eran   casi  las   7  cuando  salió  de su trabajo, Amelia lo esperaba    para  ir   al doctor  a  que le  revise  pierna y  su cicatrización.  Se despidio de Carlos y sus compañeros de trabajo, luego fue hacia Amelia que lo esperaba con una sonrisa.


Amelia  miró la expresión  ausente  de  Sebastián,  aunque no  sabía que decirle   mientras  tomaban  un taxi  e  iban   al médico.  Ninguno  habló mientras  viajaban   hacia  el norte   de  la  ciudad.  Mientras  Amelia  veía    a  la ventana   pensó  que tal vez,  Sebastián  sólo estuviera algo adolorido. 
 Sebastián  agradeció el silencio  de  Amelia  y  sobre todo su  compresión.  Por  suerte  no les tocó esperar  mucho  al  ser  último turno. El médico revisó y le pidió  se haga  unos  rayos  x    par  ver  como estaba reaccionado la pierna. Salieron  a  eso  de las  ocho,  Sebastián  quiso irse  solo  a  casa. Sin embargo,  Amelia no lo dejó  resignado  dejó que lo acompañe   a su  humilde y pequeño apartamento.  Tenía miedo que  pensara  que era muy poca  cosa . Él  tenía  una suite  con una sola  habitación   y una  pequeña  cocina  y baño.   Todo  estaba  relativamente  limpio  a pesar  de que él   había  estado enfermo. Él  abrió   la  puerta,  ella no dijo nada,  ni  su expresión  parecía  juzgar  su  pobreza. Sebastián  se recostó  contra  el marco  de la puerta.
—Pareces algo  cansado.
— Un poco , solo  estoy  algo triste.
Amelia preguntó   por qué  se sentía  así  solo lo besó  arrinconándolo  a  la  puerta.  Las  manos  y boca   de  Amelia  no  dejaban pensar  a  Sebastián.
El pintor  con  dificultad y sin  dejar  de  besar   a su  amante    empujó  la puerta   para  cerrarla  de un portazo.  De  milagro  no se  cayó al  tirar  su muleta.  Al  ver  el rostro  de  Amelia   y  su propia  torpeza  ambos  se  rieron,  para  Sebastián  fue  como un bálsamo  por las heridas   que su padre siempre  le profería consciente o no .  Aún  estaban  juntos  parados   al lado  de la puerta  del  departamento.


Los  ojos  de  Amelia  estaban  más oscuros  de lo normal,  la  risa  pasó    al  deseo  en  cuestión  de minutos.   Amelia  volvió  a  empujar   a  Sebastián hacia  la puerta  y  empezó   a quitarle   camisa.  Sebastián  agradeció  que  ella  llevaba  una  falda  corta    azul     que  levantó mientras  le quitaba  la ropa interior.  Amelia protestó  con un gemido que  silencio  la  boca  de  Sebastián.
Ella  le  quitó  el pantalón  y los  calzoncillos.  mientras  aún  empujaba a  Sebastián  contra  la pared.       
—Deberíamos irnos   a mi habitación.
—Está  muy lejos.
Sebastián  se  rio  por   la  inminente  mentira. Su miembro estaba erecto  y  su  alma  tenía     el deseo  imperioso  de   borrar  todo  dolor  y angustia  con  el  cuerpo  de ella.  
Era  la  primera  vez  que Amelia tomaba  la iniciativa  en  parte lo hizo para  borrar  la tristeza  del  semblante  de su pareja. Por otra  parte  extraño   sentir    los  besos  de Sebastián sobre  su piel , la suavidad  de sus  caricias    y  la  forma intensa en la  que  latía  su  corazón    cuando se convertían  en   uno  solo.   
Sebastián  dejó  de  besar   a  Amelia  en la  boca para  pasar  a   darle pequeños  besos  alrededor  de  su  cuello mientras  sus  manos   apretaban  el  pecho  de  Amelia por  encima  de  su camisa negra.  Él  deseaba  enterrarse  dentro  de  ella  para que todo pudiera  tener  sentido.  Quiso agacharse para  tomar   un  condón  y  casi  pierde  el equilibrio.
—Uy, ¿qué  pasa?
—Condones,  están en mi  bolsillo   izquierdo.
Amelia   se agachó  dejando   a  Sebastián  semidesnudo apoyándose   en  la  puerta.  Ella  sin  que  él se  lo dijera  se  lo puso.  El pintor  pensó que era  lo más   erótico  y sorprendente  que  le  pasó en la  vida .   Todo  idea  cesó de  su  mente   cuando  Amelia  le puso  el condón con  boca  engullendo  su   carne   y  preparándolo  para  amarla. 


Cuando   ella  se  incorporó Sebastián  empujó  a  Amelia  contra   la pared y  la penetro  de  una  embestida .  Amelia  gimió  mientras   se  acoplaban furiosamente  y en  forma  desesperada  como  si  no  hubiera  un mañana.  Solo   estaban los  dos  en  la oscuridad.

Amelia  resopló  mientras  su  cabeza  reposaba  en  el hombro  de  Sebastián .  Él  se apoyaba  en  la puerta  con algo  de  dificultad.
—Vamos   a  sentarnos.
—Cuando pueda moverme —  respondió  Amelia   aún agitada.
Pasaron unos  minutos  antes  de  que los  dos  pudieran  moverse.  Tuvieron  dificultad  con   la  ropa  que estaba   debajo  de  sus piernas. Amelia   se acomodó la  falda  dejando  su  ropa interior  en  el suelo   fue  más  difícil  para  Sebastián.  Su  pareja  lo ayudó   a  desvestirse,  quitarse  y  deshacerse del  condón   para  que  pudiera  ir    a  la  cama. Se  sentaron  juntos  Amelia   sonrió  al  ver la pinta   de  Sebastián  
— Estás  muy gracioso
Sebastián  se  estiró   y  acomodo en   la  cama.  
—Cierto,  debería  desnudarme .
Amelia  se   sonrojó.
—Hace  rato, no  tenías tanta  modestia.
—Eso  fue  hace  tanto.
A Sebastián le hacía  gracia  que  ella  aún se sintiera   cohibida  en su presencia, pero  bastaba  una simple  caricia  para  que ella perdiera la   vergüenza  y  se dejará llevar por la pasión.  Para  probar  su punto  beso  a Amelia  con  dulzura.
—Ven metete  debajo  las  cobijas.
—Solo  si lo haces  tú.
Ambos  se  acostaron  en la  cama  a  oscuras.  Amelia   se desnudo cerrando los ojos con un poco de vergüenza, luego se acurrucó  en los  brazos  de  Sebastián  . Pasaron unos minutos y el pintor pensó que  ella   estaba  dormida,   pero no  era  así.
—¿Por qué  estabas  triste?
Sebastián  se encogió de hombros,  sin querer  responder. Amelia   no  dijo nada  ni  siquiera  lo miró   solo lo abrazó  en  silencio.   Luego  de   varios  minutos  en lo que  Sebastián  creyó  que  era   como si una vida entera  transcurrió.  Dijo en tono indiferente  —. Por fin, mi padre me llamó a informarme el paradero de mi madre.
Amelia  dejó  sus  brazos  y  se incorporó un poco  para  mirar  a  Sebastián.     —¿ Te  indicó en qué hospital  está  tu madre?
— No,  pero  mañana  me  lo  dará.
—¿Quieres  que  te  acompañe  a  verlo?
— No,  es  algo  que  debo  hacer solo.
Amelia    asintió.
—¿ Estas  molesta?
— No,   entiendo  .  Hay cosas  que  debes  hacer  solo, pero  si me  necesitas  sabes  dónde encontrarme.
Sebastián  tocó los labios  de  Amelia   con los suyos  —.  Lo sé,  eres    la  luz  que me ilumina.  
La boca de Amelia  se abrió y le dio un beso largo y dulce, en respuesta al deseo que despertaba su sabor, la presión de sus labios, la humedad ligeramente áspera de su lengua contra la de ella. La necesidad era mutua y este toque,  era  un preludio. Ella conocía su cuerpo más íntimamente ahora, sabía qué respuesta iba a obtener cuando lo besara en la boca, en el cuello, detrás de la oreja. Probó este conocimiento al hacer las cosas que le daban placer ambos: Sus uñas arañando ligeramente su pecho, la caricia de su mano por la cara interna de su muslo, su boca deslizándose sobre su abdomen tenso. Acarició su espalda, sintió las protuberancias estrechas de su carne, donde sus heridas habían cicatrizado. Puso su boca sobre su corazón, donde una herida reciente a estaba empezando a cerrarse.
Sebastián se quedó mirando el techo, con los ojos secos, y sintió algo en su interior ante la suavidad del tacto de Amelia . Su corazón,  su voluntad y  su alma le pertenecían  a  ella.  Por  primera  vez  en su vida no se sentía  solo o fuera  de lugar.   Acarició el  sedoso   cabello negro  de  Amelia y masajeo la parte posterior de su cuello.  Sebastián  le indicó a   su pareja que   lo montara.  Amelia   sonriendo, se levantó  y lo  beso con ternura  que   luego  de unos  minutos dio paso a la pasión.
La almohada de debajo de la cabeza de  Sebastián fue echada a un lado mientras ella se acostaba sobre su estómago   cuidando  de no    maltratar   la pierna  de  Sebastián . Apoyó la mejilla en la parte posterior de sus manos y cerró los ojos, más consciente de él, de su poder. Sebastián  lentamente, acarició  y  besó  su cuerpo.  Para  Amelia  anticipar su toque era tan excitante que hubo poca diferencia en el momento en que en verdad la tocó  sin  prisas  disfrutando  de  cada  caricia.
Los dedos de Amelia  se cerraron en puños mientras le levantaba las caderas. Lo sintió moverse detrás, masajeando la redondez de su trasero, sus manos se deslizaron sobre sus muslos. Ella se mordió el labio. La previsión de ese contacto era casi demasiado excitante, casi doloroso de esperar, sin embargo, fue explosivo en el momento en que la penetró. Su lento, y feroz control fue su perdición. Ella empujó bruscamente y tomó todo de él, luego lo mantuvo exactamente al ritmo que una vez la había animado a llevar. Se inclinó sobre su oreja, le besó la parte de atrás de su cuello, y le susurró al oído — te amo.   Luego  Amelia  gimió por  el placer  que  su pareja  le  daba  en  cada  estocada.
Sebastián se echó hacia atrás, apurando el ritmo que había comenzado. Su mano cayó sobre la parte baja de su espalda. La sintió temblar cuando su pulgar rozó la base de su espina dorsal. Sus dedos le recorrieron la cadera, luego se deslizaron debajo de ella, entre sus muslos entreabiertos.
Amelia  aspiró una bocanada de aire y la sostuvo. El delicioso calor que le proporcionaba esa mano la mantuvo inmóvil.  Oyó a Sebastián decirle —.  Amelia  respira  —. Ella lo hizo, a través de un pequeño gemido que cortó el aire.
El estremecimiento que comenzó a subir en espiral por su sangre explotó en millones de luminosas estrellas y al mismo tiempo sintió temblor que sacudía a Sebastián mientras  gritaba su  nombre. Pero lo mejor  llegó después  cuando  sintió    como la  abraza con dulzura  para colocarla   junto a su corazón, apretadamente hasta que su respiración se calmó. Se quedaron dormidos en una maraña de sábanas y mantas, con la cabeza apoyada en su hombro y su mano cubriendo su pecho, su boca descansando suavemente contra su pelo y su rodilla metida entre las suyas.
Algún tiempo después, llegaron a un estado de somnolencia en la que sin despertar del todo hicieron el amor de nuevo. 
Espero que les haya gustado , les deseo un buen fin de semana



domingo, 14 de febrero de 2016

La amistad y el amor es más que un día.

Hola. ¿como les  va. Espero  que  hayan tenido  un  genial fin de semana.  Ayer  fue   el día  del amor  y la  amistad.   Me imagino que lo pasaron genial  yo  creo  que el  amor  y la amistad  es más que un día  de regalos y  felicitaciones.
 Es   un regalo que se cultiva  día a día les mando un beso y  saben que  siempre  cuenta con mi cariño.



 



viernes, 12 de febrero de 2016

Ilumina mu corazón . Capítulo 20 ( Segunda parte)

Hola,  ¿cómo  están .  hoy les traigo un capítulo  cortito, pero bien romantico.  Aprovechando  que estamos   casi por  el 14 de  febrero.  Espero  que les guste.

Capítulo  20


Sebastián  tardó  un minuto  en reaccionar  , para  luego  seguir  a  Amelia.  Casi  se  tropieza  y  se  cae.  Cerró los  ojos  para  no ver  la  caída ,  pero no  resbaló . Alguien lo sostuvo,  supo que  se trataba  de  Amelia por  su  aroma  limón  y chocolate.
—Pensé,  que  te  marchaste.
—No  pude, dejarte  caer. Soy  tan tonta, quiero alejarme  de  ti.  Debo hacerlo y no puedo.
Sebastián  con   su dedo índice   recogió  una lágrima  de  Amelia.
—  No  me  dejes,  Amelia Perdóname,  Amelia Siempre  te pido, que confíes  en mí  y  yo  no lo hago.  Tengo  tanto  miedo  a  depender    de alguien  a  que  a descubran   que  no soy  tan fuerte   o bueno  y  se alejen  de mí.  
Amelia  lo   abrazó  sin  decir  nada, minutos  después   empezó  a llover.  Ambos  seguían parados  en medio de la lluvia como  si esperaran  una  señal.


Ramoncito    estaba  conduciendo su viejo  carro  de color tomate  a su  casa  cuando  observó  a Amelia  y  su pareja      parados   en medio  de la lluvia.  Estacionó su  automóvil en frente  de ellos y  y les preguntó —. ¿Los llevo?
Amelia   asintió  y  ambos  fueron   al departamento  de la muchacha. Ramoncito  los miró  de reojo mientras  sorteaba  el tráfico .  La pareja  estaba  callada abrazándose   como si  el rato que  lo hicieran    la magia  se perdería. Ramoncito se  sentía incómodo  y no  paraba de  hablar  aunque nadie  parecía  escucharlo.   Suspiro  de  alegría    cuando  por  fin  llegaron  a  su  destino .
Amelia  ayudó  a  entrar  a  Sebastián   a su casa.  Ana  oyó  la puerta   y  se acercó   a  saludarlos para luego   dejarles  hablar  en  privado. Por  la  expresión   del  rostro  de  Amelia   y  la  cara   de pocos amigos  de  su pareja,  lo necesitaban  mucho. Aunque  tenía  ganas  de oírlos y  saber el motivo de la pena   de su hermana y   de  las lesiones  de  Sebastián   no lo hizo.  Cerró la puerta de su  cuarto y  se puso a  oír música.


 Amelia  y  Sebastián  se quedaron  a  oscuras  sin  decir  ni una  palabra.  Sentados  juntos , pero sin tocarse.  Ambos  sintieron  que  estaban   a   un  montón  de millas  de  distancia y  que  lo  que  hablaran esa  tarde   podía  destruir  o  afianzar  su  relación.     Sebastián  estaba   nervioso   y  con miedo  ; las palabras  se  negaban  a  salir  de  su boca.
Amelia    miró  al techo  y  se  aclaró la  garganta  uno  de  los  dos  debía  hablar.  Ella  se  estremeció al  sentir      el  codo  de   Sebastián  sobre  su pierna.  Recordó  la  forma  en  que  hace  unos  días   él  le  acarició  y  la amo.  Ahora  todo parecía  un sueño. Sebastián  miró  aquellos  ojos  negros   que   le  devolvieron   la  esperanza.  Con una  voz   temblorosa que apenas  reconocía  hablo  grabando  el  rostro  Amelia   en su  alma a  pesar  de la penumbra
—Amelia,  ¿qué  vamos a hacer?  No quiero perderte,  pero  me  es  difícil  hablar  sobre  mí.  Enséñame  a  abrir  mi corazón, por   favor  ilumina  mi corazón.
Amelia   tocó  su mano  y luego lo besó  .  Fue  una  caricia  cargada  de emoción  y  pasión.  Cuando  Sebastián   se  separó   de  Amelia    se  sentía  más  seguro.
—¿Quieres   que  te  cuente   lo que me ha pasado  estos  días?
Amelia  asintió.

 —El accidente,  en  el que me   atropellaron  fue   porque estaba  muy borracho.
—Pero, a ti  no  te gusta   beber mucho.
— A veces bebes  para  olvidar   el  dolor.  
Amelia    lo  miró    casi  sin poder  respirar sin  atreverse  a  preguntar     lo que   deseaba con  toda  su  alma. Sebastián  leyó sus pensamientos  porque le preguntó — ¿ Deseas   saber  que  lo causó? Amelia  asintió, sintiéndose algo nerviosa y  con   miedo  al  ver   los ojos  de  Sebastián  tan apagados  y  ausentes.  
—Una  vez  me  contaste  que  si  vieras a  tu padre  en la  calle no lo reconocerías.  En eso  somos  muy diferentes, por  lo  general  yo  tengo pesadillas  con  el mío.   
Amelia  no  dijo nada  solo  lo miró  sabiendo lo duro que era para  Sebastián hablar. Él  continuó  su  relato con  voz  apagada  
—Fui  una  decepción  para  mi  padre  desde  que   concibieron.  Mi madre  estuvo a punto  de  morir    por  mi culpa  desde  los  primeros  días  de su embarazo.  Mi padre  que  siempre  se  había dado  de  ferviente católico deseaba  que mi  madre  aborte.  Pero,  ella no lo hizo,  casi  mi madre  y yo no sobrevivimos.  
Lo  único  que  César  Contreras  ama es a mi madre y  el dinero .  Al  principio  apenas  le  importaba  yo  era  un  niño enfermizo  que sobrevivió a  todo pronóstico.   Cuando    puso  atención  en   mí, yo  ya  era un caso perdido.  Un niño   débil,  demasiado  sensible  y al  que  le  gustaba pintar.  Mi padre  quiso  sacarme  a  golpes  el deseo  de pintar,  ya que pensaba  que era un hábito de maricas. Me  fugué  a los  16  y pensé  en  no  verlo  jamás.  Hasta  hace  unos  días  creí  que lo había superado,  pero  no  fue  así.  
—¿Qué  desea?
— Mi madre,  está  enferma y  me  ofreció dinero  por   ir  a  verla.
—Es  un bastardo, perdona  es  tu papá.
Sebastián  se dio cuenta de que  ella lo miraba   con amor  sin lástima  aversión.  Supo  que la amaba más a cada   segundo que pasaba  junto a  ella.
—Tienes  razón.
Él  tocó  su    barbilla .
—Amelia...
— No tienes  que decir nada, iremos poco a poco. La confianza  es algo  que  se   da sin  darse  cuenta  como  el amor.
Sebastián    besó  a  Amelia  agradeciendo  tenerla   a su lado.

Espero que les haya  gustado el capítulo y  les  deseo  un  genial  finde semana.  Y  un hermoso  día  de  San  valentin




domingo, 7 de febrero de 2016

Chiguiles una receta típica del carnaval de Guaranda.

Hola ¿cómo les v a?  La mayoría deben estar disfrutando el carnaval.

En mi  país  por lo general  se  celebra  con  agua , aunque  en Ambato   si hay  desfiles entre  otros.  actos.
Carnaval de  Amabato
  Sin embargo hoy no les  voy  hablar  de  Ambato, sino  de  Guaranda.

Guaranda

San Pedro de Guaranda o simplemente Guaranda es una ciudad de Ecuador, capital de la Provincia de Bolívar. Está ubicada en el centro del Ecuador, dentro de la región andina; en una zona climática no muy fría, teniendo una temperatura promedio de 16 °C. La ciudad es el centro político-administrativo de la provincia. Alberga grandes organismos culturales, financieros, administrativos y comerciales. Está dividida en tres parroquias urbanas, las cuales se subdividen en barrios.
Se la conoce como "Ciudad de las Siete Colinas", por estar rodeada de las colinas: San Jacinto, Loma de Guaranda, San Bartolo, Cruzloma, Tililag, Talalag y el Mirador. Además tiene el sobrenombre de "Ciudad de los Eternos Carnavales", por llevar a cabo la fiesta de carnaval más famosa del país, a la cual acuden decenas de miles de turistas nacionales y extranjeros.

Su  carnaval  es muy  famoso y  divertido 
Aunque  hay desfiles  se juega  con agua , harina y huevo.
Una  de las  tradiciones  sobre   ese  carnaval  es    este   rico plato típico  del que  les  voy  a  dar la  receta.

Chiguiles
Los  chiguiles  son  muy  similares  a los  tamales   rellenos  de chicharrón y  queso.  Espero que les  guste la receta.  son muy  sabrosos. La  receta  que les  daré  es  para  10 personas.

Ingredientes:

300 gr harina de maíz cernida (no precocida)
120 gr de manteca de cerdo
150 gr queso fresco rallado
150 gr chicharrón
3 yemas de huevos
50 gr sal
400 gr agua
10 a 15 hojas de atchira
20 gr cebolla blanca (finamente picada)

PREPARACIÓN:

En una olla de teflón colocamos el agua y dejamos que hierva adicionamos la sal y la manteca de cerdo, en este fondo colocamos la harina de maíz y empezamos a mezclar con la ayuda de una cuchara de palo para evitar que se pegue, dejamos cocinar por 5 minutos o hasta ver que la masa se espese, retiramos del fuego.

A la masa anterior añadimos las yemas de huevo batidas y mezclamos vigorosamente, esto hará que la masa se ablande un poco.

Hacemos un refrito con la cebolla blanca y fuera del fuego adicionamos el queso fresco, el mismo que incorporamos a la masa con el chicharrón y mezclamos muy bien todos los ingredientes hasta formar una masa homogénea.

Limpiamos muy bien las hojas del choclo y con la ayuda de una cuchara vamos colocando la masa en el centro de cada hoja para envolverla hasta que los dos lados de la hoja cubran la masa, las puntas se dará un dobles para atrás siempre con cuidado.

En una tamalera ya caliente, colocamos los chigüiles y los dejamos cocinar por 45 minutos, retiramos del fuego y servimos acompañado de ají . 

Espero  que se diviertan este  feriado y les  mando un beso.






viernes, 5 de febrero de 2016

Ilumina mi corazón. Capítulo 20 ( primera parte)

Hola,  ¿cómo les  va?  Hoy  por fin sabrán que pasó con Sebastián .  Espero que les  guste   y  que tengan un buen fin de semana.
Capítulo 20 

 Cinco  días después
Amelia   miró   su  celular  con algo  tristeza.  Releyendo  los  últimos mensajes ,  que  le  mandó  Sebastián.  Desde    que  hicieron  el  amor , él  había  desaparecido  de su vida.  Tenía  un montón  de    mensajes  sin responder,  y  una  sensación   de   vacío  y   decepción.   Una  parte  de  ella  no  podía  creer   que    todo  fue  un  engaño  para  acostarse  con  ella. Pensaba   que en  cualquier  momento   su enamorado   la llamaría y  tendría una gran  explicación  por no comunicarse  con ella .  La parte más  sensata,     había  dejado   de   llorar  y  de   buscar  a  Sebastián,  lo  que menos quería  era   suplicar  que no  la  deje de esa  forma. Ambas  partes se preguntaron  ¿qué  hizo mal  para  que   dejara de  buscarla?   Tal  vez   fue  demasiado  aprisa,  no debía     haberle  dicho que lo amaba.   No  quiso  pensar  más,  estaba a  punto  de  llorar  otra  vez.  Nunca  había  amado  a un  hombre  de esa manera.  Sebastián    entendía  su forma  de  ser,  cuidaba  de ella, de  su  hermana.  No la juzgaba,  pero se  había  esfumado  dejándola  sola  de  nuevo con  un  agujero negro  en lugar   de  corazón.
Su  hermana  llamó  a la puerta.  Amelia  abrió  los  ojos   y le dijo  — pasa
Ana   no  sabía  que hacer  con  su hermana.  Desde  hace  días parecía un alma  en pena.  Cuando le preguntó ¿ si    había peleado  con  Sebastián? Amelia  lo negó  de forma  enfática  ,  cambio  el  tema  y   huyó  a su cuarto. De eso habían  pasado   3  días en los  cuales  su  hermana    se  había  refugiado  en su  cuarto del  que  apenas  salió  para  ir a  clases.
 Amelia  se  sintió  culpable  al  ver   el   rostro preocupado  de  Ana. 

—  Te  hice  sopa  ramen   ,  tu favorita.  Debes  comer   algo antes  de ir  a la universidad.
— No,  tengo hambre.  
—¿Estás  enferma?
—No,  solo cansada.
Ana se paseó por  la habitación  desordenada  de  Amelia.  
—Estoy  preocupada  Amy,  por  favor,  come  algo y  cuéntame  ¿Qué  pasó con  Sebastián?
— No  ,  paso nada.   Vamos  al comedor   antes  que   se  enfríe  la sopa.
Ana  puso los  ojos  en  blanco,  al ver   Amelia  evadía el tema, por lo menos logró que comiera algo. Pesó que más tarde  volvería a preguntar.
Luego de  almorzar  a pesar de  no  querer  comer  y  que  la  comida  casi  se  le  atranca  en  la  garganta   Amelia  salió   de su  casa  dando  evasivas  a   su hermana  .  La  verdad  quería  estar  sola  y  dormir  mil  años,  pero  como  no podía  hacerlo se  dirigió    a  la  calle.  El bullicio   y  la  gente  que  pasaba   por  las  avenidas   apenas  la  distrajo.  Transitó como  si fuera  un  fantasma caminando  entre  las  personas  a  las  que   los  sentimientos  de  Amelia  no importaban.  Simplemente   se  perdió  con  la  multitud  ,  sintiéndose   más  sola que nunca .
Sebastián  anduvo  lentamente  con   las  muletas .  Había pasado    días     terribles, aún le dolían  las  piernas  y  las  costillas .   Cerró  los   ojos    un minuto,  recordando   esa  terrible  noche   cuando  fue  atropellado. Vislumbro la  acera  maloliente  en  la   que  el  carro de  un  extraño lo arrolló  y lo  dejó tirado como si fuera  basura  sin   poder   pedir  ayuda.  Su único pensamiento  y  queja  era  que no volvería a  ver a  Amelia. No  supo cuánto tiempo  estuvo  o si  alucino  a  un hombre  con  barba y ojos negros  que  se   le acercó  y comprobó que  estuviera  vivo.
De  lo que  sí podía  estar  seguro  fue  que  Carlos   lo llevó  a  una  clínica cercana para  que  lo curaran  inmediatamente. La  oportuna  atención  de  su  amigo     le  había  evitado daños permanentes.  Solo   se  rompió la  pierna, fracturó  dos  costillas  y  su  celular  fue  destruido.  Lo peor  fue   que  tuvo que  pedir  ayuda    a su jefe  para  pagar  la  deuda   por sus heridas.  También tuvo que  alarmar  a  Don  Pedro y doña  Caridad, que  era  algo que  odiaba.  Como no quiso  hacer  lo mismo  con  Amelia,  esperó unos  días  para buscarla.
No había  dejado  de pensar  en  ella  y  desde  su accidente .   Extraña  su cabello,  sus  ojos  negros que  siempre  brillaban cuando sonreía, su tersa  piel,  su paciencia hasta  su terquedad  y  su indecisión.  Su corazón  latía  aprisa  solo porque   volvería   verla muy pronto. Estuvo  preocupado  por  no llamarla, ni  responder  a sus mensajes.  Esperaba que  ella  entienda su  silencio.
No  deseaba  que  lo viera  en ese  estado, Sebastián  odiaba  depender  de  alguien  sentirse  vulnerable  y  era  peor    cuando estaba   junto  Amelia.
Ella  podía destruirlo  con  solo  una  mirada,  por lo que  Sebastián no quería  que lo supiera, para que no pudiera  hacerle  daño .  Hace  mucho  tiempo  descubrió  cómo  vivir sin  resultar  herido.  De  repente  la  imagen  de su madre  lo  rondó  como  un fantasma.
 Amar   te  dejaba  vulnerable  a cualquier ataque  hasta de las personas  que juraron  no lastimarte. El  siempre  contó  con  su  cariño,  pero  su  madre  era  débil.  Nunca osó enfrentarse  a su esposo  para  defender  a su hijo   de  un castigo injusto.  
A pesar  de ello aún  la quería  dejarla  fue  la  decisión  más  difícil que  tomó  en su vida.   Estaba  preocupado por  su  salud.  Llamó  a su padre,  para concertar  una cita  para  poder  verla,  pero  este   no  le respondió  aún.
Miró  al cielo  estaba  a punto  de llover  y   todavía   le  faltaban 3  cuadras  para  llegar   a  casa  de  Amelia.  Deseaba  tanto  verla  que  suspiro  como  si fuera  un  colegial. Su muleta  tambaleó,   Sebastián se sintió  cansado  por  el  esfuerzo,  se  secó el sudor   con  la mano.  Se arrimó    a  la  pared  de  una  casa  espero  unos   segundos y  volvió   a  seguir  su trayecto.
Estaba a  punto de  cruzar  la  calle cuando  miró  a  Amelia     ir  por  el  camino contrario.  Estaba  distraída  y  algo afligida   la imagen  le  provocó  un nudo  en  el estómago. Se  preguntó  ¿quién  le  hizo sufrir?;  esperaba que no fuera  él .
Decidido  le persiguió  recordando  la primera  vez  que hablo con  ella. Tenía  la misma  sensación   y  el mismo deseo   de  protegerla.
   —  Amelia.
Amelia  estaba  tan  distraída  que no  oyó  que  alguien le  llamaba.  Sebastián  volvió  a gritar —Amelia .
Ella  se  volteó  , en busca  de quien  le llamaba,  al no ver a nadie  conocido siguió  caminando  y  casi  la atropella  un  carro. Sebastián  llegó   a  tiempo    de  rescatarla.
 —Cuidado.
Amelia  se quedó  sin palabras  al volver  a  ver  a Sebastián  solo  habían pasado   5  días  y  apenas  pudo respirar de alivio.  Verlo  fue   con   tomar  una  gran bocanada  de aire puro. Se quedó  sorprendida   y  alarmada  al  mirar cómo llegaba  Sebastián. Lo  abrazó  con cuidado de  no lastimarlo,  la soledad  y   la tristeza que tuvo en días anteriores  se disipó. Aún  en los  brazos  de su pareja  preguntó —¿Qué  te  pasó?
 — Tuve  un accidente  hace  algunos  días.
Sebastián  se sentía  tan feliz  por  volver  a verla,  La  había  imaginado, dibujado, añorado tantos  días, sin embargo, estar  a su  lado  no   se  comparaba  ni  con  el más alegre  de sus  sueños.
—  ¿Qué  pasó?  ¿ Cómo fue?
—  ¿Tienes  clases? ¿Estás ocupada?
— No.
—  Vamos   a  tu casa ,  para que  te lo cuente  todo.  
Amelia  y  Sebastián  caminaron  despacio, ella  dejó que  él se apoyara .  Por  un momento  todas sus dudas    se le  quitaron  de la  cabeza  hasta que él habló  de nuevo.
—    Me atropelló  ,  un borracho la noche  del  viernes.
— ¿Por qué no me llamaste?
—   No  deseaba  que me vieras    así.   Y  como mi  celular     murió  no pudo contestar  tus mensajes    recién    el lunes   un amigo me prestó    un viejo  celular  que parece  un ladrillo.
Amelia  se  detuvo  enojada  Sebastián  casi     pierde el equilibrio.
— Así  que   tuviste  por   más  de tres  días   tu  celular  y ni siquiera  se te ocurrió   molestarte  en mandarme  un  mensaje. No piensas que estuve  preocupada  al no saber de  ti.
— Te  dije,  que no quería que  te preocuparás.
  A Amelia  le  brillaban  los  ojos  y    su rostro  estaba enrojecido     por  la   furia   apretó los  puños  con  ganas  de  golpear   a su  pareja.
—Ah,  gracias.
Amelia  soltó   a  Sebastián  porque  su proximidad    encendía  un  fuego en su interior,  que  nada  tenía   que  ver  con la pasión   Lo había  extrañado tanto,  cuando  lo observo herido  y  frágil  casi  se le rompe el corazón.  Una  parte  de   ella  estaba  tan  feliz  de  verlo que podía   pisar    las  nubes  y  la   otra tan decepcionada.  Pudo  haberle  avisado,  era  tan   poco  importante  en su vida  que  ni  siquiera  considero  que  eso le  dañaría. Solo  le  faltaba  tener  alter  egos  como la estúpida   de  Anastasia   la  protagonista  de las  50  sombras.  Con horror  desecho  esa  idea. Lo único que  deseaba  era  estar  a  solas  ,  no podía  irse    a  su casa  por  Ana  y  no  deseaba    pelear con Sebastián en medio de la calle.
— Será  mejor   que hablemos , luego  si quieres  me mandas   un mensaje .  Voy  para   U.
Sebastián se quedó  perplejo.  ¿ Qué  rayos  le pasaba?  Le importaba  tan  poco  que  apenas  deseaba   hablar  con él  a pesar  del   accidente.
—¿ Amelia qué   te pasa?
—Acaso  tienes  el descaro  de preguntarme  eso. 

La  gente  en la  calle  se los quedó  viendo  discutir.  La madre  de Ramoncito que iba para su casa   se paró para oírlos  discutir  Amelia   lo  miró  y  se puso   como árbol  de navidad que cambiaba  de  colores  a  verde  y  rojo.  La  sopa  que  apenas  probó  estaba     a punto  de hacerse  paso por  su  garganta.      
— No es  momento  de hablar   eso  en la  calle.
— Vamos  para tu  casa  y  aclaramos  las  cosas.
Amelia   movió   la  cabeza  con fastidio.
—No  hay nada que aclarar.  No  deseo  discutir y  decir   cosas que luego voy a lamentar.   Me  llamas  o me  mandas  un mensaje,  cuando  creas conveniente.  Adiós,  Sebastián.
Sebastián  hubiera  preferido   que  lo atropellara  un  automóvil de  nuevo  que oír  esas  palabras  de  Amelia.   
Ella    lo miró por  última  vez    concentrándose  en no llorar mientras   se  iba por  sentido contrario.  Sebastián  en lugar  de quedarse   así la siguió dispuesto  a  suplicar  con tal de no perder su  amor .       
Luego de una cuadra   de      Amelia  dejó  de  caminar  y  se  volteó  furiosa.
—¿Por qué me sigues?
— No   deseo  perderte.
—¿Por qué?
— Tú  sabes  la respuesta.
Amelia  lo miró   con  una   expresión  de  decepción  y tristeza  que  golpearon a  Sebastián —.  No lo  sé. Pensé que  lo  sabía  , pero no es  así.  
— Amelia, tú eres  mi vida.
—  No lo soy, ni siquiera     soy  tu pareja  solo salimos.   No soy  parte  de  tu vida.  Cuando   eres pareja  de  alguien compartes  tu vida  con esa persona   la incluyes  dentro    de  tu círculo,  la buscas  cuando estás  feliz  como cuando  estás triste o enfermo.   Sebastián  yo  no  soy   un juguete  que puedes  buscar   cuando  estés  de ánimo.
Deseo más  que eso y me merezco más  que eso.   Será mejor  darnos  un tiempo.
Luego de  decir  eso    Amelia      se  fue  y  Sebastián  se quedó  solo  mirándola  partir.