Hola, ¿cómo les va? Hoy por fin sabrán que pasó con Sebastián . Espero que les guste y que tengan un buen fin de semana.
Capítulo 20
Cinco días después
Amelia miró su celular con algo tristeza. Releyendo los últimos mensajes , que le mandó Sebastián. Desde que hicieron el amor , él había desaparecido de su vida. Tenía un montón de mensajes sin responder, y una sensación de vacío y decepción. Una parte de ella no podía creer que todo fue un engaño para acostarse con ella. Pensaba que en cualquier momento su enamorado la llamaría y tendría una gran explicación por no comunicarse con ella . La parte más sensata, había dejado de llorar y de buscar a Sebastián, lo que menos quería era suplicar que no la deje de esa forma. Ambas partes se preguntaron ¿qué hizo mal para que dejara de buscarla? Tal vez fue demasiado aprisa, no debía haberle dicho que lo amaba. No quiso pensar más, estaba a punto de llorar otra vez. Nunca había amado a un hombre de esa manera. Sebastián entendía su forma de ser, cuidaba de ella, de su hermana. No la juzgaba, pero se había esfumado dejándola sola de nuevo con un agujero negro en lugar de corazón.
Su hermana llamó a la puerta. Amelia abrió los ojos y le dijo — pasa
Ana no sabía que hacer con su hermana. Desde hace días parecía un alma en pena. Cuando le preguntó ¿ si había peleado con Sebastián? Amelia lo negó de forma enfática , cambio el tema y huyó a su cuarto. De eso habían pasado 3 días en los cuales su hermana se había refugiado en su cuarto del que apenas salió para ir a clases.
Amelia se sintió culpable al ver el rostro preocupado de Ana.
— Te hice sopa ramen , tu favorita. Debes comer algo antes de ir a la universidad.
— No, tengo hambre.
—¿Estás enferma?
—No, solo cansada.
Ana se paseó por la habitación desordenada de Amelia.
—Estoy preocupada Amy, por favor, come algo y cuéntame ¿Qué pasó con Sebastián?
— No , paso nada. Vamos al comedor antes que se enfríe la sopa.
Ana puso los ojos en blanco, al ver Amelia evadía el tema, por lo menos logró que comiera algo. Pesó que más tarde volvería a preguntar.
Luego de almorzar a pesar de no querer comer y que la comida casi se le atranca en la garganta Amelia salió de su casa dando evasivas a su hermana . La verdad quería estar sola y dormir mil años, pero como no podía hacerlo se dirigió a la calle. El bullicio y la gente que pasaba por las avenidas apenas la distrajo. Transitó como si fuera un fantasma caminando entre las personas a las que los sentimientos de Amelia no importaban. Simplemente se perdió con la multitud , sintiéndose más sola que nunca .

Sebastián anduvo lentamente con las muletas . Había pasado días terribles, aún le dolían las piernas y las costillas . Cerró los ojos un minuto, recordando esa terrible noche cuando fue atropellado. Vislumbro la acera maloliente en la que el carro de un extraño lo arrolló y lo dejó tirado como si fuera basura sin poder pedir ayuda. Su único pensamiento y queja era que no volvería a ver a Amelia. No supo cuánto tiempo estuvo o si alucino a un hombre con barba y ojos negros que se le acercó y comprobó que estuviera vivo.
De lo que sí podía estar seguro fue que Carlos lo llevó a una clínica cercana para que lo curaran inmediatamente. La oportuna atención de su amigo le había evitado daños permanentes. Solo se rompió la pierna, fracturó dos costillas y su celular fue destruido. Lo peor fue que tuvo que pedir ayuda a su jefe para pagar la deuda por sus heridas. También tuvo que alarmar a Don Pedro y doña Caridad, que era algo que odiaba. Como no quiso hacer lo mismo con Amelia, esperó unos días para buscarla.
No había dejado de pensar en ella y desde su accidente . Extraña su cabello, sus ojos negros que siempre brillaban cuando sonreía, su tersa piel, su paciencia hasta su terquedad y su indecisión. Su corazón latía aprisa solo porque volvería verla muy pronto. Estuvo preocupado por no llamarla, ni responder a sus mensajes. Esperaba que ella entienda su silencio.
No deseaba que lo viera en ese estado, Sebastián odiaba depender de alguien sentirse vulnerable y era peor cuando estaba junto Amelia.
Ella podía destruirlo con solo una mirada, por lo que Sebastián no quería que lo supiera, para que no pudiera hacerle daño . Hace mucho tiempo descubrió cómo vivir sin resultar herido. De repente la imagen de su madre lo rondó como un fantasma.
Amar te dejaba vulnerable a cualquier ataque hasta de las personas que juraron no lastimarte. El siempre contó con su cariño, pero su madre era débil. Nunca osó enfrentarse a su esposo para defender a su hijo de un castigo injusto.
A pesar de ello aún la quería dejarla fue la decisión más difícil que tomó en su vida. Estaba preocupado por su salud. Llamó a su padre, para concertar una cita para poder verla, pero este no le respondió aún.
Miró al cielo estaba a punto de llover y todavía le faltaban 3 cuadras para llegar a casa de Amelia. Deseaba tanto verla que suspiro como si fuera un colegial. Su muleta tambaleó, Sebastián se sintió cansado por el esfuerzo, se secó el sudor con la mano. Se arrimó a la pared de una casa espero unos segundos y volvió a seguir su trayecto.
Estaba a punto de cruzar la calle cuando miró a Amelia ir por el camino contrario. Estaba distraída y algo afligida la imagen le provocó un nudo en el estómago. Se preguntó ¿quién le hizo sufrir?; esperaba que no fuera él .
Decidido le persiguió recordando la primera vez que hablo con ella. Tenía la misma sensación y el mismo deseo de protegerla.
— Amelia.
Amelia estaba tan distraída que no oyó que alguien le llamaba. Sebastián volvió a gritar —Amelia .
Ella se volteó , en busca de quien le llamaba, al no ver a nadie conocido siguió caminando y casi la atropella un carro. Sebastián llegó a tiempo de rescatarla.
—Cuidado.
Amelia se quedó sin palabras al volver a ver a Sebastián solo habían pasado 5 días y apenas pudo respirar de alivio. Verlo fue con tomar una gran bocanada de aire puro. Se quedó sorprendida y alarmada al mirar cómo llegaba Sebastián. Lo abrazó con cuidado de no lastimarlo, la soledad y la tristeza que tuvo en días anteriores se disipó. Aún en los brazos de su pareja preguntó —¿Qué te pasó?
— Tuve un accidente hace algunos días.
Sebastián se sentía tan feliz por volver a verla, La había imaginado, dibujado, añorado tantos días, sin embargo, estar a su lado no se comparaba ni con el más alegre de sus sueños.
— ¿Qué pasó? ¿ Cómo fue?
— ¿Tienes clases? ¿Estás ocupada?
— No.
— Vamos a tu casa , para que te lo cuente todo.
Amelia y Sebastián caminaron despacio, ella dejó que él se apoyara . Por un momento todas sus dudas se le quitaron de la cabeza hasta que él habló de nuevo.
— Me atropelló , un borracho la noche del viernes.
— ¿Por qué no me llamaste?
— No deseaba que me vieras así. Y como mi celular murió no pudo contestar tus mensajes recién el lunes un amigo me prestó un viejo celular que parece un ladrillo.
Amelia se detuvo enojada Sebastián casi pierde el equilibrio.
— Así que tuviste por más de tres días tu celular y ni siquiera se te ocurrió molestarte en mandarme un mensaje. No piensas que estuve preocupada al no saber de ti.
— Te dije, que no quería que te preocuparás.
A Amelia le brillaban los ojos y su rostro estaba enrojecido por la furia apretó los puños con ganas de golpear a su pareja.
—Ah, gracias.
Amelia soltó a Sebastián porque su proximidad encendía un fuego en su interior, que nada tenía que ver con la pasión Lo había extrañado tanto, cuando lo observo herido y frágil casi se le rompe el corazón. Una parte de ella estaba tan feliz de verlo que podía pisar las nubes y la otra tan decepcionada. Pudo haberle avisado, era tan poco importante en su vida que ni siquiera considero que eso le dañaría. Solo le faltaba tener alter egos como la estúpida de Anastasia la protagonista de las 50 sombras. Con horror desecho esa idea. Lo único que deseaba era estar a solas , no podía irse a su casa por Ana y no deseaba pelear con Sebastián en medio de la calle.
— Será mejor que hablemos , luego si quieres me mandas un mensaje . Voy para U.
Sebastián se quedó perplejo. ¿ Qué rayos le pasaba? Le importaba tan poco que apenas deseaba hablar con él a pesar del accidente.
—¿ Amelia qué te pasa?
—Acaso tienes el descaro de preguntarme eso.
La gente en la calle se los quedó viendo discutir. La madre de Ramoncito que iba para su casa se paró para oírlos discutir Amelia lo miró y se puso como árbol de navidad que cambiaba de colores a verde y rojo. La sopa que apenas probó estaba a punto de hacerse paso por su garganta.
— No es momento de hablar eso en la calle.
— Vamos para tu casa y aclaramos las cosas.
Amelia movió la cabeza con fastidio.
—No hay nada que aclarar. No deseo discutir y decir cosas que luego voy a lamentar. Me llamas o me mandas un mensaje, cuando creas conveniente. Adiós, Sebastián.
Sebastián hubiera preferido que lo atropellara un automóvil de nuevo que oír esas palabras de Amelia.
Ella lo miró por última vez concentrándose en no llorar mientras se iba por sentido contrario. Sebastián en lugar de quedarse así la siguió dispuesto a suplicar con tal de no perder su amor .
Luego de una cuadra de Amelia dejó de caminar y se volteó furiosa.
—¿Por qué me sigues?
— No deseo perderte.
—¿Por qué?
— Tú sabes la respuesta.
Amelia lo miró con una expresión de decepción y tristeza que golpearon a Sebastián —. No lo sé. Pensé que lo sabía , pero no es así.
— Amelia, tú eres mi vida.
— No lo soy, ni siquiera soy tu pareja solo salimos. No soy parte de tu vida. Cuando eres pareja de alguien compartes tu vida con esa persona la incluyes dentro de tu círculo, la buscas cuando estás feliz como cuando estás triste o enfermo. Sebastián yo no soy un juguete que puedes buscar cuando estés de ánimo.
Deseo más que eso y me merezco más que eso. Será mejor darnos un tiempo.
Luego de decir eso Amelia se fue y Sebastián se quedó solo mirándola partir.