Bienvenidos a mi blog. He creado este por que tengo un montón de historias en mi mente que me gustara compartir. Miles de mundos y personajes siempre me acompañan, decidí, que era hora de hacer que fueran conocidos. Quiero, que sean capaces de expresar y soñar junto a mi. Espero, que les guste mi casa y tendrán una voz aquí. Mi cariño y amistad también.

lunes, 29 de febrero de 2016

Aviso.

Hola,  ¿cómo  están?


 Por  motivos  familiares,. No  voy   a  poder  estar  en mi  blog  por  dos   semanas ni pasar  por    sus  blogs.  Les  mando  un  beso  y  se me  cuidan mucho.



viernes, 26 de febrero de 2016

Ilumina mi corazón. Capítulo 21 (Segunda parte)

Hola, ¿cómo están?  Hoy  leerán sobre  la  entrevista entre el padre de  Sebastián y su hijo.  También  Úvatar  volverá  aparecer, para quienes lo extrañaban.  Espero  que este  fragmento les  guste y les deseo un buen fin  de semana.


Capítulo 21 


El amanecer  llegó   muy rápido  Amelia  debía volver  a su  casa.  Ana  había pasado con unas amigas  la noche  anterior,  pero Amelia   quería llegar  antes que  su hermana  menor. Sebastián  también  tenía  el día  muy ocupado  al  enfrentar  a su padre, luego ir  al hospital  a ver   a su madre y  además trabajar.  
El pintor  llegó   al  edificio  de  su   padre  como  a las  diez  de la mañana  se  quedó sentado en la  calle   mirando a la  gente pasar.   Sin  desearlo recordó   pequeñas  escenas  de su niñez  que le  dejaron un  amargo sabor  de  boca. Hubiera dado todo por haber podido  caminar  sin muletas  y mostrarse más altivo   hacia  su padre.   Siempre parecía  que por más  que lo enfrentaba nunca  ganaba,  aún hoy  parecía manejar  su vida.  
Entró  a un  edificio enorme  que era  de su padre tuvo que  dar  sus documentos  y luego le indicaron que vaya al último piso.    Una  secretaria    prepotente  y   con expresión  de haber comido algo amargo lo llevó a una oficina  fría   en la que   su progenitor estaba  sentado revisando unos papeles.       
— Como siempre, haces lo que  te  da la gana  . Llegas temprano.
—  Buenos  días, son  las  10.25.
El padre  de  Sebastián levantó los  hombros como saludo— Las  cosas  deben ser hechas en el momento justo. Te  dije que la reunión era  10. 30  en punto.
Sebastián    solo puso los ojos en blanco para no contestar.
— Con  tu actitud   haces que  todo  mi día  se  complique.
— Si quieres   salgo, espero   5 minutos  y entró nuevamente  a tu  oficina.

Cesar  gruñó  y  golpeó la  mesa  con deseo  de dañar  a su hijo. 
—  Siempre  haces y dices todas  las  pendejadas que se te pasan  por la cabeza. Nunca  pudiste ser  un buen hijo  y un hombre  de  bien por más  que me esforcé en criarte.  ¿En  dónde  depositó  lo que  te  debo?
—Solo vine   a  ver la dirección  del hospital  en  el que está mi madre.   No  deseo y nunca  he  querido su dinero.
El padre  de  Sebastián  lo miró  furioso — ¿Pero?
— No, soy igual  a usted, que  finge s er  un buen hombre  sin serlo.  
Cesar  golpeó nuevamente  el escritorio.  Luego miró la  a  hijo  con esa pose altiva  a pesar  de  estar  con muletas.  Sin poderse contener  se  acercó  a su hijo  y lo abofeteó.
—Respeta  a tus  mayores , muchacho malcriado. 
Sebastián  se mostró altivo, ni siquiera  pestañeó.  Con  desprecio se alejó de su padre.  En  parte porque   se sintió de   nuevo  como un niño  de  12  años  al  que    su progenitor  siempre humillaba y en parte  por  tener miedo de  responder al golpe. Cesar  se alegro  al ver  a  su hijo avergonzado.  Por  fin su  día  mejoraba  algo. 
— Se  nota que han pasado  los  años.  Sus  golpes  no son como los  de antes.  Debe  sentirse  genial  pegar a   mujeres, niños  o personas indefensas. 
El rostro Cesar  se  puso rojo y   de su  boca   salió espuma .  A  Sebastián  le  recordó  a un toro.   Cuando    Cesar  se aproximo  a  golpearlo de  nuevo    Sebastián  con dificultad  le sujeto la mano. 
—Porque  respeto  a  mis mayores,  no respondí  a su  golpe anterior.  Intente  lastimarme  de nuevo y   descubrirá  que ya  no soy un niño ,  ni le tengo miedo.   
Cesar se quedó mirando   a su hijo por unos   minutos. Aunque  deseaba  azotar  a Sebastián, se alejo  de  él.   El muchacho  era más alto y fornido que  él.  No  estaba  seguro   que  si  se enzarzaban  en una pelea  el  saliera   sin una lesión.Con  fastidio  regreso a su  escritorio  y le  tiró  un papel.  El pintor  casi  se  cae por levantarlo  , pero al final lo hizo.
— Gracias.
Cesar no contestó nada.  Sebastián  se  fue  de  ese ambiente  tóxico  lentamente. Pensó que se iba a ahogar  cuando  salió  al bullicio de la  calle.  Se se sorprendió al ver  a Amelia esperándolo la  abrazó y volvió a  respirar.

Tres semanas  después.



Sebastián llegó  a su   pequeño  departamento  vació  y sintió  una punzada  en su corazón   cada día  que pasaba  le costaba   estar   lejos  de  Amelia.  En  especial  desde  la  muerte  de  su  madre.   Aunque  habían  transcurrido dos  semanas ,  la herida estaba latente  y puede que nunca cicatrice por  completo.  Recordó    lo triste  que  fue  ir  al cementerio ,  sabiendo que nunca más  volvería hablar  con ella.  La  soledad,  la culpa y tristeza lo hubiera devastado  de no ser por  Amelia.  Apenas  recordaba  esos  días  como si hubieran sido  una  bruma  en  su memoria, de lo único  que estaba  seguro  era   de  Amelia   su  cariño  y compresión.  
Todavía   a  oscuras  y algo  aliviado  por fin de   haber  dejado las  muletas.  Su pierna  ya  estaba      bien,  aunque el doctor  le dijo que no la forzará  por lo menos  en unos  días más.   Fue  a  su  cama   y    se  acostó  mirando  el techo,  el pesado día le pasaba   factura. Sin embargo, no  podía  dormir,  saco  de     su  bolsillo  un  anillo    que había permanecido  a  su madre, que le dio unos  días  antes de morir. Aún  recordaba  lo  que le dijo  cuando  se lo dio   —  “ No olvides  que    aunque  dejaste   a  tu familia  esta  siempre  será   parte  de  ti .  Te  doy  el  anillo  que  me  dio mi  madre  cuando  me  casé  para   que  recuerdes  tu origen  ,  pero    con la promesa  de  días  mejores.  Espero   que se  lo  des  a la mujer  que  amas  cuando  decidas   formar  una  familia.  Solo el  amor  te puede   salvar,  solo el amor   te  da  esperanza.”
Una   familia,  no  había pensado  en  necesitar  o tener una hasta   que  conoció  a Amelia. se dio cuenta de que  deseaba  vivir  con ella. Despertar cada mañana     con Amelia  en sus  brazos y  luego de  un día  duro   hablar  con ella,  amarla   y  sobre todo  hacerla  feliz.  Como  todavía  no podía  dormir ,   fue  por   su  cuaderno  de dibujo  y  se puso     a  jugar     con un  boceto  que  tenía  en mente,  como    últimamente  le  pasaba   su  modelo  era  Amelia.
Ella estaba  con  túnica  negra, que apenas cubría  su bello cuerpo.    Caminó  descalza  por  un río    a  lo lejos    él   plasmó  al Guaugua  Pichincha.  No  se dio  cuenta  cuando  se  quedó  dormido y    tiro   a  un  lado    el   cuaderno  y  el  carboncillo   que  utilizo  para    dibujar a  Amelia y  el  resto del paisaje .
Oyó  un  golpe   en  la  puerta  y  la  voz  de  su  madre    — Sebastián,  ten cuidado,   la  oscuridad se  acerca .  "Solo el  amor  te puede   salvar,  solo el amor   te  da  esperanza."
Sebastián  se  quedó  sorprendido  aún algo adormilado,  pensó que  todavía  estaba  soñando.  Cuando escucho  que  se abrió      su ventana  y la  voz  de su madre le  llamó  de nuevo.    
—  Sebastián,    ten  cuidado la  oscuridad se  acerca.  " Solo el  amor  te puede   salvar,  solo el amor   te  da  esperanza."
Sebastián   se  despertó por  completo   se sentó  en  la   cama,  de  nuevo  volvió a  oír  la  voz  de  su madre. Estaba seguro de que no era  un  sueño
—Sebastián...

Sebastián prendió la luz  y  miró   que    su  ventana   estaba  abierta,   había cientos  de rosas     negras  y   rojas  esparcidas  en  el  piso. Se  tropezó  con  su  cuaderno  para pintar    cuando  lo tomó  sangre  salía  de  sus  hojas.   Asustado  lo  soltó y observó  que su dibujo cobraba   vida.  Ahora   parecía  como  un  vídeo, pero  era  real.     Amelia  le sonrió    mientras     caminaba    por   el  río .  El pintor podía  oír   el  sonido del viento,  de los pájaros   y  el  agua  corriendo. Con miedo  tomó  el cuaderno y     topó  con  su  dedo   el  arroyo.  Sintió   su dedo  mojado , iba  a examinarlo mejor  cuando  oyó  un grito de su madre.
—Cuidado,  Sebastián.
Él  sintió  un  escozor  en  el dedo para  ver  que  se llenaba  de  sangre   igual  que el río en  que  se encontraba  Amelia.   El  cielo  azul  del  cuadro   se  volvió  rojo  y  el  volcán que estaba  al fondo de la pintura   estaba a punto  de estallar   pero  en  lugar  de   lava    lo que  salía   de  la mole  de  piedra  y tierra  era  sangre. Sebastián  angustiado  grito— Amelia  sal  de  ahí.
La  muchacha  trató , pero no podía moverse .  El  agua  del  río  empezó  a carcomer  la piel  de Amelia  que  chillaba   con dolor   Sebastián  iba a  entrar en el cuadro para   salvar a su amada  cuando   oyó la  voz  de su madre  gritar  —No lo hagas,  Sebastián, es una  trampa.


Asustado soltó  el cuaderno;   de él  apareció  una   calavera  de  ojos  rojos  —nunca podrás  salvarla,  Sebastián.  Amelia  es   mía.
—No,  te dejaré  dañarla.
La  calavera   que quemó  el  cuaderno  mientras   Sebastián aterrado  gritó   —  No. 
El  asqueroso  demonio rio,  luego se dispuso atacar  a  Sebastián  , pero este  fue cubierto de  rosas . La  calavera  se marchó  y  Sebastián    aún envuelto en el aroma  de  las  rosas  oyó  a su madre  
—Cuidado,  Sebastián las  sombras  se  acercan. Amelia y tú estáis en peligro. “Solo el  amor  te puede   salvar,  solo el amor   te  da  esperanza. Solo  la esperanza   te librará  de las  sombras .  Las sombras  se  acercan,  ten cuidado."
Todo se  volvió  negro y  Sebastián  se   desmayó,  cuando  volvió  en  sí.  Se dio cuenta de que  solo  fue  un  sueño,  su habitación  estaba  igual que la  otra noche  y  el cuaderno de  dibujo  no  se encontraba  quemado.  Pero    por  un momento sintió  el  perfume  a rosas  de su madre.  Al mirar  el  bosquejo que   hizo de  Amelia ,  temió  que  ella  estaba  en peligro  y  se  juró  que nada le pasaría.  Daría  su vida para que ella y  su familia  estén a  salvo.  A pesar  de  que  eran  las  tres  de  la mañana,  llamó   a  Amelia  para  saber si  se encontraba  bien.   No  le  contó  sobre  la  pesadilla  con  el  demonio  de los  ojos   rojos.  Luego de  pedirle   disculpas,  se  fue  a   dar  un  baño para poder  pensar  con claridad.
Después  de  vestirse  y tomar  un   poco de  café    montó  en su motocicleta    sin dejar  de  pensar  en  la  advertencia  de su mamá. No le  sorprendió  encontrarse    en la entrada  de su antigua  casa    miró  al jardín  de  su madre, por  un momento  pensó   verla  cuidando  sus  rosas.   Iba  a  irse  cuando  oyó  a  su  padre.
—¿También la  extrañas?
Sebastián  asintió,   confuso   .  Era  la primera  vez que hablaban  desde la  reunión en su oficina.  Ambos  tenían mucho  cuidado   en  no  toparse cuando la visitaron  en el  hospital.  Su padre examinaba   las  rosas  y  Sebastián decidió  irse ,  no  deseaba  pelear  con él.
 —Solo pasaba  por  aquí,  será  mejor que me  vaya.
César  se limpió la tierra  de las manos
— Sabes Victoria  nunca  dejó de  quererte.  No  me perdono, que  te  haya  alejado  de  su vida.  Te  odie  y siempre  tuve  celos  de  ti.  No  podía soportar   que  haya  otro  cariño  en  su  corazón.
—¿En  verdad  la amabas ?
—Siempre,  Victoria  era mi vida  y corazón.  No me di cuenta,  que  al alejarla  de  ti  le   hice  daño a  ella.
Sebastián no supo que  responder   su padre  se  veía  tan carcomido y sin  vida.
—Sebastián   tú eres  mi hijo,  pero  para  mí eres  un  extraño.  Sin  embargo, llevas  una  parte  de    tu  madre en ti.  La  veo en tu mirada,  en tu sonrisa. Por  eso  te voy  a dar un  consejo.   No  dejes   que  el amor  se escape  de tu vida.  No  tengas  miedo  amar y  no dejes  que  la  desesperación y  el  egoísmo   te  alejen  de lo que más quieres. Nunca debes  dar  nada por  sentado.
—"Solo el  amor  te puede   salvar,  solo el amor   te  da  esperanza".
—Tu madre  decía eso, debes  hacerle  caso. 
Luego  de   despedirse  de su padre.  Se  fue   a  visitar  a   doña  Caridad  y  a don  Pedro,  aunque   en realidad   deseaba  ver  a  Meche.  una   vez  lo ayudó a  salvar a  Amelia  espera   que  pudiera  volver   hacerlo de  nuevo . Se decepcionó al no encontrarla  en  el  café  de  doña  Caridad, pero  la  anciana  le indicó  dónde buscarla.
Sebastián  llegó  en  poco  tiempo    al lugar  donde vivía    Meche.    Ella  residía solo a unas  cuadras   del  café  de doña  Caridad.  Cuando  llamó a la puerta  se  sorprendió  al  ver  el rostro  demacrado  de   Meche,   parecía  como si   la   cocinera  hubiera  envejecido  100  años  en  un día .   La   anciana le invito a pasar  a un pequeño  cuarto  en  el  que  había un  cama   pequeña,  un  velador  y una mesa vieja.  Sebastián  se sentó  en la  silla, mientras  ella    lo hizo en la  cama.
—Te  esperaba,  desde  hace  días.
Sebastián la  miró  asombrado — ¿Cómo ha estado?
La anciana hizo  un ruido  raro  y  se acomodó en  la  cama.
—  No viniste    a  ver  como estoy  —afirmó  molesta.
Sebastián   asintió ,  un  poco  fastidiado por la forma  en  la  que   ella  podía leer su alma.
— Es  verdad.
—¿Por qué   viniste?
—Tuve  un sueño raro —  Sebastián  se  sintió  tonto luego de  decirlo.
—No  fue un sueño,  más  bien fue  una advertencia.  He  tenido visiones horribles. Las  sombras van a emerger  y   dejar el mundo  en una era  de  oscuridad.
—¿Qué  son  las sombras?
— Las sombras , son todo lo negativo   que    los   seres sentimos  todo  el odio ,  miedo y  violencia.  Un  hechizo maligno  libera  todo  eso sentimientos  y anula  la parte positiva.
Meche  movió  su   mano hacia  la luz  proyectando     la  sombra  de ella —. Vez  mi mano   así es  el ser  humano   tiene  luz  y  oscuridad ,  si se hace ese  hechizo  la   sombra  toma  el poder    y elimina   la luz .   Las  sombras sin un equilibrio   destruyen todo a su paso,  pero no es lo peor.    Mis visiones muestran  que estas  sombras  son lideradas  por  un  demonio  que     anulará  toda voluntad  de las  sombras convirtiéndolas  en sus  sirvientes.  
—¿Pero qué tiene  que  ver  con Amelia  y yo?
Meche  se  rascó la  barbilla — Hace mucho tiempo  deje,   mi mundo .  No  sé si me  creas o  si    consideres   que estoy loca.   Yo  era  una  gran hechicera , sangre de dragón corre por mis venas . Me  fui huyendo   de  un   monstruo  al que llaman  Billy  el sangriento que para obtener mi poder mató a mis dos hijos y  a mi esposo.     No  deseaba  vivir, pero no tuve el valor  de matarme.  Caridad  y  su  esposo me  encontraron  cuando  yo  estaba  solo esperando la muerte y me dieron esperanza.  
—Lo mismo, me sucedió. ¿ pero qué tiene  que  ver  con Amelia?
Meche  se movió de la  cama   como si  estaba  dispuesta  a dar  un coscacho a  Sebastián  en el último momento   desistió. Se  paró  y   miró  a la  ventana  en busca  espias. Cuando considero que estan seguros . Fue a la cama y respondió la pregunta de Sebastián.
—Como  te  dije ,   hace mucho dejé  mi mundo  y decidí  vivir  una de  forma  tranquila.   Hasta  la noche   que  te  topaste  con    ese  demonio  oscuro, pensé que estaba  a  salvo.
— Usted, me  protegió y me ayudó a  salvar  a Amelia.
— Lo sé, y lo haría  de nuevo. Cuando  te enfrentaste  a ese  demonio supe  que mi hora  estaba por llegar  y que  dios me mantuvo viva para  algo.   
Sebastián iba a interrumpir a la anciana, pero  esta   hizo  una señal  para que no lo haga.  
— Averigüé  muy poco.  No debería decirte  esto, pero el demonio que está persiguiendo  Amelia  se llama  Úvatar y  ella  es una de las piezas  claves para  vencerlo. Lo presiento        
— ¿Cómo puedo ayudar a  Amelia ?
—No puedes hacer  mucho , las sombras  se alzaran  eso es  inevitable,  pero hay una  forma  de  vencerlas.
—¿Cómo?       
—"Solo  la esperanza   te librará  de las  sombras . Solo el  amor  te puede   salvar,  solo el amor   te  da  esperanza."
—Eso , es lo mismo que  dijo  mi mamá,   en  la madrugada.
—Hazle  caso, y promete  que cuando las  sombras  se alcen protegerás    a  doña  Caridad y   su esposo.
Sebastián asintió sintiéndose más angustiado  y  más  lleno de dudas  que  antes de  ver a  Meche.
Fue  a  ver  a  Amelia      antes  de que partiera   a  la universidad,  no le importó llegar tarde al trabajo.  Desea  ver  que  estaba  sana  y  salva.  Ella  lo recibió  con una  sonrisa   y luego lo beso.   Al  sentir  su aroma    tan familiar y  su calor.  Supo que  deseaba  casarse  con ella   y no  le importaba  enfrentarse  a   las sombras  o  al más  terrible   demonio  por  el  simple hecho de  estar  con ella.
Espero que les haya gustado el capítulo, a pesar de lo largo que esta. Les mando un abrazo y se me cuidan mucho.






lunes, 22 de febrero de 2016

El nuevo libro de Raquel Campos: Tú sonríes y yo me enamoro.

Hola ¿cómo  les va?  Hoy  tengo la alegría  de traerles  una  novedad.  Mi amiga Raquel Campos,   ha publicado  un nuevo libro,  que  parece  genial.
Aquí les  dejo la hermosa portada:





La sinopsis:

Un reportaje sobre un personaje histórico, llevará a Inés al corazón de Florencia. Allí tratará de ablandar el corazón del último Duque Di Pontia, Sandro, que se encuentra perdido en el rencor y la tristeza. Mientras investigan sobre su antepasado, la atracción estallará entre ambos y el peligro irá tras ellos.

El  book trailer:


Aquí les dejo la  página de la autora: http://raecj.blogspot.com/
 y el link  donde comprar  los libros: :  http://www.amazon.es/gp/product/B01BWN5PF8/ref=as_li_qf_sp_asin_tl?ie=UTF8&camp=3626&creative=24790&creativeASIN=B01BWN5PF8&linkCode=as2&tag=httpwwwclub02-21

Les deseo  una  buena  semana   llena de alegrías .





viernes, 19 de febrero de 2016

Ilumina mi corazón. Capítulo 21

Hola, ¿cómo les va? hoy es traigo un capítulo subido  de tono ,   algo  dulce y   un poquitin largo.Van a ver  como la  relación de  Amelia  y  Sebastián  sigue  creciendo.


Capítulo  21


Una  semana   después
Sebastián  estaba revisando el comprobante de pago antes  de   dar la tarjeta  de  crédito  a  Carlos.  Su  amigo ,  espero que  la  esposa del dueño del restaurante   se  fuera lejos  para hablar.
— ¿Cuándo  me presentas   Elena?
—¿Elena?
Carlos  miró   por los  alrededores  antes  de  responder —. La amiga  de  tu novia  Ana Luisa.  
— Su nombre  es   Amelia — dijo  fastidiado  Sebastián   mientras  le entregaba la  tarjeta  de  crédito.
Carlos no  se  dio por  ofendido por la aclaración.  
—  Me  vas a  presentar  Elizabeth.
—El nombre  de la  amiga  de  Amelia  es  Heli.  No entiendo  como   teniendo   tanta  novias,  esposa  y   amigas  especiales   no   te confundes  con sus nombres.
Carlos  puso  la  tarjeta de  crédito del cliente    en una  bandeja  de plata.  —Tengo una agenda  en donde  pongo    los nombres    de    mis chicas,  sus fotos ,  teléfonos, datos personales,   estrellas  y esas  cosas.
— ¿Estrellas?
— Su  desempeño,  en el amor...
Carlos dejó  de  hablar  al  ver  a   la dueña  del restaurante  acercándose   a  ellos. Marian  fingió no  darse cuenta  que Carlos  estaba sin cumplor con su trabajo.   Todavía no  era  la hora pico  y   no había mucho movimiento en ese momento.  Miró  a Sebastián  que  le  sonrió con aire  de inocencia.
— ¿Hay  reservaciones?
— No  ha llamado  nadie, parece  que   el día está algo  flojo.
Marian  asintió  y   se  fue a la cocina.
Sebastián aburrido se  acomodó  en  la  silla, cuando sintió  que  su celular  vibraba.   Lo tomó  revisando  que  Marian o  algún cliente  lo encontrará  infraganti.  Esperaba que fuera  Amelia  o  doña  Caridad,  pero     el  número era    desconocido. Algo intrigado atendió el teléfono, para comprobar quién era.
— Buenas tardes.
Una voz  desconocida  y altanera de una mujer le  respondió —.  Es  el señor Sebastián  Contreras.
— Sí,  ¿qué desea?
—Le llamo de parte  del  Ingeniero  César  Contreras,  él desea   preguntarle ¿ si podría  reunirse en su empresa  a  las  9  de  la mañana?
Sebastián frunció el  ceño, no deseaba volver a ver   a su padre.  Sin embargo,  no le queda  más  remedio.
—¿Puede ser a las  diez de la mañana?
—Espere,  voy a preguntar al ingeniero.
— A las  diez  y media.
—Por mí está  bien. 
La  mujer  colgó  sin decir nada más.  Sebastián  sintió un dolor  en todo el cuerpo y una  sensación  de  desasosiego que le  arruinó el día.
Eran   casi  las   7  cuando  salió  de su trabajo, Amelia lo esperaba    para  ir   al doctor  a  que le  revise  pierna y  su cicatrización.  Se despidio de Carlos y sus compañeros de trabajo, luego fue hacia Amelia que lo esperaba con una sonrisa.


Amelia  miró la expresión  ausente  de  Sebastián,  aunque no  sabía que decirle   mientras  tomaban  un taxi  e  iban   al médico.  Ninguno  habló mientras  viajaban   hacia  el norte   de  la  ciudad.  Mientras  Amelia  veía    a  la ventana   pensó  que tal vez,  Sebastián  sólo estuviera algo adolorido. 
 Sebastián  agradeció el silencio  de  Amelia  y  sobre todo su  compresión.  Por  suerte  no les tocó esperar  mucho  al  ser  último turno. El médico revisó y le pidió  se haga  unos  rayos  x    par  ver  como estaba reaccionado la pierna. Salieron  a  eso  de las  ocho,  Sebastián  quiso irse  solo  a  casa. Sin embargo,  Amelia no lo dejó  resignado  dejó que lo acompañe   a su  humilde y pequeño apartamento.  Tenía miedo que  pensara  que era muy poca  cosa . Él  tenía  una suite  con una sola  habitación   y una  pequeña  cocina  y baño.   Todo  estaba  relativamente  limpio  a pesar  de que él   había  estado enfermo. Él  abrió   la  puerta,  ella no dijo nada,  ni  su expresión  parecía  juzgar  su  pobreza. Sebastián  se recostó  contra  el marco  de la puerta.
—Pareces algo  cansado.
— Un poco , solo  estoy  algo triste.
Amelia preguntó   por qué  se sentía  así  solo lo besó  arrinconándolo  a  la  puerta.  Las  manos  y boca   de  Amelia  no  dejaban pensar  a  Sebastián.
El pintor  con  dificultad y sin  dejar  de  besar   a su  amante    empujó  la puerta   para  cerrarla  de un portazo.  De  milagro  no se  cayó al  tirar  su muleta.  Al  ver  el rostro  de  Amelia   y  su propia  torpeza  ambos  se  rieron,  para  Sebastián  fue  como un bálsamo  por las heridas   que su padre siempre  le profería consciente o no .  Aún  estaban  juntos  parados   al lado  de la puerta  del  departamento.


Los  ojos  de  Amelia  estaban  más oscuros  de lo normal,  la  risa  pasó    al  deseo  en  cuestión  de minutos.   Amelia  volvió  a  empujar   a  Sebastián hacia  la puerta  y  empezó   a quitarle   camisa.  Sebastián  agradeció  que  ella  llevaba  una  falda  corta    azul     que  levantó mientras  le quitaba  la ropa interior.  Amelia protestó  con un gemido que  silencio  la  boca  de  Sebastián.
Ella  le  quitó  el pantalón  y los  calzoncillos.  mientras  aún  empujaba a  Sebastián  contra  la pared.       
—Deberíamos irnos   a mi habitación.
—Está  muy lejos.
Sebastián  se  rio  por   la  inminente  mentira. Su miembro estaba erecto  y  su  alma  tenía     el deseo  imperioso  de   borrar  todo  dolor  y angustia  con  el  cuerpo  de ella.  
Era  la  primera  vez  que Amelia tomaba  la iniciativa  en  parte lo hizo para  borrar  la tristeza  del  semblante  de su pareja. Por otra  parte  extraño   sentir    los  besos  de Sebastián sobre  su piel , la suavidad  de sus  caricias    y  la  forma intensa en la  que  latía  su  corazón    cuando se convertían  en   uno  solo.   
Sebastián  dejó  de  besar   a  Amelia  en la  boca para  pasar  a   darle pequeños  besos  alrededor  de  su  cuello mientras  sus  manos   apretaban  el  pecho  de  Amelia por  encima  de  su camisa negra.  Él  deseaba  enterrarse  dentro  de  ella  para que todo pudiera  tener  sentido.  Quiso agacharse para  tomar   un  condón  y  casi  pierde  el equilibrio.
—Uy, ¿qué  pasa?
—Condones,  están en mi  bolsillo   izquierdo.
Amelia   se agachó  dejando   a  Sebastián  semidesnudo apoyándose   en  la  puerta.  Ella  sin  que  él se  lo dijera  se  lo puso.  El pintor  pensó que era  lo más   erótico  y sorprendente  que  le  pasó en la  vida .   Todo  idea  cesó de  su  mente   cuando  Amelia  le puso  el condón con  boca  engullendo  su   carne   y  preparándolo  para  amarla. 


Cuando   ella  se  incorporó Sebastián  empujó  a  Amelia  contra   la pared y  la penetro  de  una  embestida .  Amelia  gimió  mientras   se  acoplaban furiosamente  y en  forma  desesperada  como  si  no  hubiera  un mañana.  Solo   estaban los  dos  en  la oscuridad.

Amelia  resopló  mientras  su  cabeza  reposaba  en  el hombro  de  Sebastián .  Él  se apoyaba  en  la puerta  con algo  de  dificultad.
—Vamos   a  sentarnos.
—Cuando pueda moverme —  respondió  Amelia   aún agitada.
Pasaron unos  minutos  antes  de  que los  dos  pudieran  moverse.  Tuvieron  dificultad  con   la  ropa  que estaba   debajo  de  sus piernas. Amelia   se acomodó la  falda  dejando  su  ropa interior  en  el suelo   fue  más  difícil  para  Sebastián.  Su  pareja  lo ayudó   a  desvestirse,  quitarse  y  deshacerse del  condón   para  que  pudiera  ir    a  la  cama. Se  sentaron  juntos  Amelia   sonrió  al  ver la pinta   de  Sebastián  
— Estás  muy gracioso
Sebastián  se  estiró   y  acomodo en   la  cama.  
—Cierto,  debería  desnudarme .
Amelia  se   sonrojó.
—Hace  rato, no  tenías tanta  modestia.
—Eso  fue  hace  tanto.
A Sebastián le hacía  gracia  que  ella  aún se sintiera   cohibida  en su presencia, pero  bastaba  una simple  caricia  para  que ella perdiera la   vergüenza  y  se dejará llevar por la pasión.  Para  probar  su punto  beso  a Amelia  con  dulzura.
—Ven metete  debajo  las  cobijas.
—Solo  si lo haces  tú.
Ambos  se  acostaron  en la  cama  a  oscuras.  Amelia   se desnudo cerrando los ojos con un poco de vergüenza, luego se acurrucó  en los  brazos  de  Sebastián  . Pasaron unos minutos y el pintor pensó que  ella   estaba  dormida,   pero no  era  así.
—¿Por qué  estabas  triste?
Sebastián  se encogió de hombros,  sin querer  responder. Amelia   no  dijo nada  ni  siquiera  lo miró   solo lo abrazó  en  silencio.   Luego  de   varios  minutos  en lo que  Sebastián  creyó  que  era   como si una vida entera  transcurrió.  Dijo en tono indiferente  —. Por fin, mi padre me llamó a informarme el paradero de mi madre.
Amelia  dejó  sus  brazos  y  se incorporó un poco  para  mirar  a  Sebastián.     —¿ Te  indicó en qué hospital  está  tu madre?
— No,  pero  mañana  me  lo  dará.
—¿Quieres  que  te  acompañe  a  verlo?
— No,  es  algo  que  debo  hacer solo.
Amelia    asintió.
—¿ Estas  molesta?
— No,   entiendo  .  Hay cosas  que  debes  hacer  solo, pero  si me  necesitas  sabes  dónde encontrarme.
Sebastián  tocó los labios  de  Amelia   con los suyos  —.  Lo sé,  eres    la  luz  que me ilumina.  
La boca de Amelia  se abrió y le dio un beso largo y dulce, en respuesta al deseo que despertaba su sabor, la presión de sus labios, la humedad ligeramente áspera de su lengua contra la de ella. La necesidad era mutua y este toque,  era  un preludio. Ella conocía su cuerpo más íntimamente ahora, sabía qué respuesta iba a obtener cuando lo besara en la boca, en el cuello, detrás de la oreja. Probó este conocimiento al hacer las cosas que le daban placer ambos: Sus uñas arañando ligeramente su pecho, la caricia de su mano por la cara interna de su muslo, su boca deslizándose sobre su abdomen tenso. Acarició su espalda, sintió las protuberancias estrechas de su carne, donde sus heridas habían cicatrizado. Puso su boca sobre su corazón, donde una herida reciente a estaba empezando a cerrarse.
Sebastián se quedó mirando el techo, con los ojos secos, y sintió algo en su interior ante la suavidad del tacto de Amelia . Su corazón,  su voluntad y  su alma le pertenecían  a  ella.  Por  primera  vez  en su vida no se sentía  solo o fuera  de lugar.   Acarició el  sedoso   cabello negro  de  Amelia y masajeo la parte posterior de su cuello.  Sebastián  le indicó a   su pareja que   lo montara.  Amelia   sonriendo, se levantó  y lo  beso con ternura  que   luego  de unos  minutos dio paso a la pasión.
La almohada de debajo de la cabeza de  Sebastián fue echada a un lado mientras ella se acostaba sobre su estómago   cuidando  de no    maltratar   la pierna  de  Sebastián . Apoyó la mejilla en la parte posterior de sus manos y cerró los ojos, más consciente de él, de su poder. Sebastián  lentamente, acarició  y  besó  su cuerpo.  Para  Amelia  anticipar su toque era tan excitante que hubo poca diferencia en el momento en que en verdad la tocó  sin  prisas  disfrutando  de  cada  caricia.
Los dedos de Amelia  se cerraron en puños mientras le levantaba las caderas. Lo sintió moverse detrás, masajeando la redondez de su trasero, sus manos se deslizaron sobre sus muslos. Ella se mordió el labio. La previsión de ese contacto era casi demasiado excitante, casi doloroso de esperar, sin embargo, fue explosivo en el momento en que la penetró. Su lento, y feroz control fue su perdición. Ella empujó bruscamente y tomó todo de él, luego lo mantuvo exactamente al ritmo que una vez la había animado a llevar. Se inclinó sobre su oreja, le besó la parte de atrás de su cuello, y le susurró al oído — te amo.   Luego  Amelia  gimió por  el placer  que  su pareja  le  daba  en  cada  estocada.
Sebastián se echó hacia atrás, apurando el ritmo que había comenzado. Su mano cayó sobre la parte baja de su espalda. La sintió temblar cuando su pulgar rozó la base de su espina dorsal. Sus dedos le recorrieron la cadera, luego se deslizaron debajo de ella, entre sus muslos entreabiertos.
Amelia  aspiró una bocanada de aire y la sostuvo. El delicioso calor que le proporcionaba esa mano la mantuvo inmóvil.  Oyó a Sebastián decirle —.  Amelia  respira  —. Ella lo hizo, a través de un pequeño gemido que cortó el aire.
El estremecimiento que comenzó a subir en espiral por su sangre explotó en millones de luminosas estrellas y al mismo tiempo sintió temblor que sacudía a Sebastián mientras  gritaba su  nombre. Pero lo mejor  llegó después  cuando  sintió    como la  abraza con dulzura  para colocarla   junto a su corazón, apretadamente hasta que su respiración se calmó. Se quedaron dormidos en una maraña de sábanas y mantas, con la cabeza apoyada en su hombro y su mano cubriendo su pecho, su boca descansando suavemente contra su pelo y su rodilla metida entre las suyas.
Algún tiempo después, llegaron a un estado de somnolencia en la que sin despertar del todo hicieron el amor de nuevo. 
Espero que les haya gustado , les deseo un buen fin de semana



domingo, 14 de febrero de 2016

La amistad y el amor es más que un día.

Hola. ¿como les  va. Espero  que  hayan tenido  un  genial fin de semana.  Ayer  fue   el día  del amor  y la  amistad.   Me imagino que lo pasaron genial  yo  creo  que el  amor  y la amistad  es más que un día  de regalos y  felicitaciones.
 Es   un regalo que se cultiva  día a día les mando un beso y  saben que  siempre  cuenta con mi cariño.



 



viernes, 12 de febrero de 2016

Ilumina mu corazón . Capítulo 20 ( Segunda parte)

Hola,  ¿cómo  están .  hoy les traigo un capítulo  cortito, pero bien romantico.  Aprovechando  que estamos   casi por  el 14 de  febrero.  Espero  que les guste.

Capítulo  20


Sebastián  tardó  un minuto  en reaccionar  , para  luego  seguir  a  Amelia.  Casi  se  tropieza  y  se  cae.  Cerró los  ojos  para  no ver  la  caída ,  pero no  resbaló . Alguien lo sostuvo,  supo que  se trataba  de  Amelia por  su  aroma  limón  y chocolate.
—Pensé,  que  te  marchaste.
—No  pude, dejarte  caer. Soy  tan tonta, quiero alejarme  de  ti.  Debo hacerlo y no puedo.
Sebastián  con   su dedo índice   recogió  una lágrima  de  Amelia.
—  No  me  dejes,  Amelia Perdóname,  Amelia Siempre  te pido, que confíes  en mí  y  yo  no lo hago.  Tengo  tanto  miedo  a  depender    de alguien  a  que  a descubran   que  no soy  tan fuerte   o bueno  y  se alejen  de mí.  
Amelia  lo   abrazó  sin  decir  nada, minutos  después   empezó  a llover.  Ambos  seguían parados  en medio de la lluvia como  si esperaran  una  señal.


Ramoncito    estaba  conduciendo su viejo  carro  de color tomate  a su  casa  cuando  observó  a Amelia  y  su pareja      parados   en medio  de la lluvia.  Estacionó su  automóvil en frente  de ellos y  y les preguntó —. ¿Los llevo?
Amelia   asintió  y  ambos  fueron   al departamento  de la muchacha. Ramoncito  los miró  de reojo mientras  sorteaba  el tráfico .  La pareja  estaba  callada abrazándose   como si  el rato que  lo hicieran    la magia  se perdería. Ramoncito se  sentía incómodo  y no  paraba de  hablar  aunque nadie  parecía  escucharlo.   Suspiro  de  alegría    cuando  por  fin  llegaron  a  su  destino .
Amelia  ayudó  a  entrar  a  Sebastián   a su casa.  Ana  oyó  la puerta   y  se acercó   a  saludarlos para luego   dejarles  hablar  en  privado. Por  la  expresión   del  rostro  de  Amelia   y  la  cara   de pocos amigos  de  su pareja,  lo necesitaban  mucho. Aunque  tenía  ganas  de oírlos y  saber el motivo de la pena   de su hermana y   de  las lesiones  de  Sebastián   no lo hizo.  Cerró la puerta de su  cuarto y  se puso a  oír música.


 Amelia  y  Sebastián  se quedaron  a  oscuras  sin  decir  ni una  palabra.  Sentados  juntos , pero sin tocarse.  Ambos  sintieron  que  estaban   a   un  montón  de millas  de  distancia y  que  lo  que  hablaran esa  tarde   podía  destruir  o  afianzar  su  relación.     Sebastián  estaba   nervioso   y  con miedo  ; las palabras  se  negaban  a  salir  de  su boca.
Amelia    miró  al techo  y  se  aclaró la  garganta  uno  de  los  dos  debía  hablar.  Ella  se  estremeció al  sentir      el  codo  de   Sebastián  sobre  su pierna.  Recordó  la  forma  en  que  hace  unos  días   él  le  acarició  y  la amo.  Ahora  todo parecía  un sueño. Sebastián  miró  aquellos  ojos  negros   que   le  devolvieron   la  esperanza.  Con una  voz   temblorosa que apenas  reconocía  hablo  grabando  el  rostro  Amelia   en su  alma a  pesar  de la penumbra
—Amelia,  ¿qué  vamos a hacer?  No quiero perderte,  pero  me  es  difícil  hablar  sobre  mí.  Enséñame  a  abrir  mi corazón, por   favor  ilumina  mi corazón.
Amelia   tocó  su mano  y luego lo besó  .  Fue  una  caricia  cargada  de emoción  y  pasión.  Cuando  Sebastián   se  separó   de  Amelia    se  sentía  más  seguro.
—¿Quieres   que  te  cuente   lo que me ha pasado  estos  días?
Amelia  asintió.

 —El accidente,  en  el que me   atropellaron  fue   porque estaba  muy borracho.
—Pero, a ti  no  te gusta   beber mucho.
— A veces bebes  para  olvidar   el  dolor.  
Amelia    lo  miró    casi  sin poder  respirar sin  atreverse  a  preguntar     lo que   deseaba con  toda  su  alma. Sebastián  leyó sus pensamientos  porque le preguntó — ¿ Deseas   saber  que  lo causó? Amelia  asintió, sintiéndose algo nerviosa y  con   miedo  al  ver   los ojos  de  Sebastián  tan apagados  y  ausentes.  
—Una  vez  me  contaste  que  si  vieras a  tu padre  en la  calle no lo reconocerías.  En eso  somos  muy diferentes, por  lo  general  yo  tengo pesadillas  con  el mío.   
Amelia  no  dijo nada  solo  lo miró  sabiendo lo duro que era para  Sebastián hablar. Él  continuó  su  relato con  voz  apagada  
—Fui  una  decepción  para  mi  padre  desde  que   concibieron.  Mi madre  estuvo a punto  de  morir    por  mi culpa  desde  los  primeros  días  de su embarazo.  Mi padre  que  siempre  se  había dado  de  ferviente católico deseaba  que mi  madre  aborte.  Pero,  ella no lo hizo,  casi  mi madre  y yo no sobrevivimos.  
Lo  único  que  César  Contreras  ama es a mi madre y  el dinero .  Al  principio  apenas  le  importaba  yo  era  un  niño enfermizo  que sobrevivió a  todo pronóstico.   Cuando    puso  atención  en   mí, yo  ya  era un caso perdido.  Un niño   débil,  demasiado  sensible  y al  que  le  gustaba pintar.  Mi padre  quiso  sacarme  a  golpes  el deseo  de pintar,  ya que pensaba  que era un hábito de maricas. Me  fugué  a los  16  y pensé  en  no  verlo  jamás.  Hasta  hace  unos  días  creí  que lo había superado,  pero  no  fue  así.  
—¿Qué  desea?
— Mi madre,  está  enferma y  me  ofreció dinero  por   ir  a  verla.
—Es  un bastardo, perdona  es  tu papá.
Sebastián  se dio cuenta de que  ella lo miraba   con amor  sin lástima  aversión.  Supo  que la amaba más a cada   segundo que pasaba  junto a  ella.
—Tienes  razón.
Él  tocó  su    barbilla .
—Amelia...
— No tienes  que decir nada, iremos poco a poco. La confianza  es algo  que  se   da sin  darse  cuenta  como  el amor.
Sebastián    besó  a  Amelia  agradeciendo  tenerla   a su lado.

Espero que les haya  gustado el capítulo y  les  deseo  un  genial  finde semana.  Y  un hermoso  día  de  San  valentin