Hola ¿Cómo están?
Como en los últimos años fui invitada al baile anual de mascaras que organiza León del blog El dulce susurro de las palabras.
Esperó que este corto relato sea de su agrado. Esta ambientado en noche vieja.
Baile a la luz de la luna
La luna iluminaba la noche, a lo lejos se oían campanas provenientes del castillo que se encontraba en las montañas. Ellas anunciaban un nuevo baile de fin de año. El señor de las montañas o también llamado el señor oscuro celebraba cada año un baile para agasajar a sus amigos y molestar a sus enemigos.
Había sido invitada varias veces. Para mí, el señor oscuro era mi dulce poeta. Solo yo conocía su nombre y su ternura, pero eso fue hace mucho tiempo.
Mire de nuevo su invitación. Había llegado al castillo y estaba en mi habitación. Una parte de mi no deseaba ir solo quería alejarse, otra parte que siempre lo amo o deseaba más que nunca.
Me quedé mirando la luna, oyendo la música y sin saber qué hacer. Cansada de tener miedo y aterrorizada de dar un paso. Aún estaba vestida con mi bata de dormir de color blanca y de encaje con los pies descalzos y totalmente despeinada.
No quería afrontar que mi relación con el pendía de un hilo. Tomé una decisión y no iría al baile, me marcharía mañana por la mañana . Sin ni siquiera ver a mi dulce poeta, a mi señor. Una lágrima se deslizó por mi mejilla.
O eso creía lo oí llamarme. Temblé al escuchar mi nombre.
— Ven, te lo ordeno.
No pronuncie ninguna palabra. Me quedé mirando la luna que se veía desde la ventana . Como si ella pudiera salvarme, pero no fue así, en su lugar se oyó un trueno mostrando el disgusto de mi señor.
Él volvió a llamarme. No me moví solo mire a la luna. Esta vez hubo truenos y la tierra se movió. Los invitados del castillo corrieron por sus vidas. Hasta el techo del castillo voló y pude mirar el cielo lleno de estrellas y la gran luna desafiándome a que me moviera.
Pasaron horas o tal vez minutos pero lo oí llorar y en un susurro decirme.
— Por favor, no te vayas.
Debería irme, en lugar de eso camine hacia él.
Mi dulce poeta se acercó a mí. Los dos nos quedamos mirando sin decir nada y nos besamos. Sin darme cuenta empezamos a bailar al son de nuestros corazones iluminados por la luna. Esperando que un nuevo comienzo nos de felicidad.
Esperó que les haya gustado este relato corto.










































