Hola ¿Cómo están?
Les cuento que no estaré en blog
Tampoco pasare por sus blogs.
Hola ¿Cómo están? Esperó que les guste este fragmento, tiene menos acción pero con un poco romance.
Lebara miraba con asco su nueva morada. Salió a fuera de la cueva. Había un campo de fuerza que le impedía irse. Pero por lo menos podía respirar y ver el agreste y bello mundo de Seragon
Él llegó hace dos días rescatado por Úvatar o eso creía cuando lo vio llegar. No se lo esperaba, ahora temía por su vida.
No quería repetir el mismo error que le costó casi 60 años de su vida. sirvió a Billy el sangriento siendo casi su esclavo viendo cómo mataba y tomaba las almas de sus compañeros.
Estaba seguro de que Úvatar lo salvó porque lo necesitaba y cuando ya no fuera el caso lo mataría. Solo tenía que ver el lamentable estado de Azidahaka que agonizaba congelado en el piso de una cueva.
Ni bien llegó Úvatar lo puso a trabajar y le quitó sus poderes mágicos para que no escapase. Cosa que pensaba hacer Lebara, pero no era el momento apropiado.
Lebara oyó la voz de Úvatar. Temblando fue dónde lo requería su señor que desapareció por lo menos un día de la cueva.
— Lebara donde estás.
Lebara con actitud servil dijo — Ya voy mi señor. Estbva descansado un momento.
— ¿Terminaste todo lo que mande?
Lebara no miró al rostro de Úvatar que le provocaba asco.
— Sí, señor. El hechizo de la niebla roja está casi concluido. Solo faltan los últimos ingredientes.
— Mírame — Lebara observó los ojos azules de Úvatar y se estremeció de miedo y asco. Estaba seguro de que Úvatar iba a tomar su alma.
— Me alegro de que no mientas
Pasaron los minutos y llegó otro de los presos que estaban en la prisión del desierto.
Uvatar cansado pero casi a punto de realizar sus malvados planes dijo a los dos presos.
— Les voy a dar una misión, les devolveré sus poderes y si lo cumplen tendrán lo que deseen cuando conquiste los 5 mundo.
Lebara observó a su compañero era un hombre de piel negra, calvo, fornido y lleno de tatuajes. Recordó ver al preso en los periódicos mágicos. Era el asesino silencioso. uno de los sicarios más terribles del mundo mágico.
— Tomen eso les devolverá sus poderes — El demonio elfo le dio una pastilla roja.
Ambos tomaron la pastilla roja.
— Si no cumplen su misión o escapan la pastilla roja los traerá acá y los mataré.
Lebara tu iras al mundo de los elfos por los ingredientes que te faltan. Luego miró al hombre al lado de Lebara.
— ¿Cómo te llamas?
— Samuel.
— Por tu expediente eres el mejor asesino del mundo humano.
— Lo soy.
Úvatar lo dudaba si fuera así no estaría en prisión, pero no tenía tiempo de buscar algo mejor.
— Samuel deseó que mates a esta mujer. — Mostró el rostro de Heli.
— Lo haré luego me dará mi libertad 500 millones de dólares humanos.
— Lo haré si la matas.
Samuel sonrió de una forma que le dio miedo a Lebara. — Será muy fácil.
Úvatar así lo esperaba. Heli era un peligro porque sabía cómo matar a un inmortal. Hasta ahora había corrido con suerte. — Mientras ustedes cumplen sus misiones. Yo destruiré París y mataré a una recolectora de almas impertinente.
Adremelech se encontraba preocupado. Temía que Vanora estuviera enferma y se lo estuviera ocultando. Ella le dijo que se encontraba bien y luego lo besó con tanta pasión que no preguntó otra vez.
Luego de hacer el amor. Ella fingió quedarse dormida. Adremelech confiaba en que Vanora le cuente lo que le preocupaba cuando estuviera preparada.
Se quedó viéndola dormir. La amaba tanto . Nunca pensó tener ese regalo de ella en su vida. Iluminaba su mundo y él trataba de ser un macho que la merezca.
Su sola presencia lo calmaba. Tenía tantos problemas el primero era Úvatar hasta que no fuera capturado y eliminado sería un peligro para los 5 mundos.
Aunque lo estaban buscando y tenían ya listo el plan para su eliminación. sin embargo, les faltaba un elegido para derrotar a Úvatar. Heli y él creían que era Luke.
Más ni el propio Luke pensaba que lo era. Y no sabía cómo hacer para que el vampiro confiara en sí mismo.
No solo tenía que enfrentar a Úvatar. En el inframundo también había problemas. Haborin desea controlar a Dauroji y lo presiona para casarlo con su hija Is.
Más Dauroji no se dejaba dominar por nadie. También se encontraba preocupado por Anazareth y las jóvenes que rescataron de la casa de Tamar.
Bostezó debía descansar algo . Aunque los demonios solo necesitaban dormir una hora. Adremelech le gustaba hacerlo en especial ahora que Vanora compartía su cama. Abrazo a la recolectora de almas y se quedó dormido.
Úvatar se encontraba complacido por fin Adremelech se dormía. Tuvo que crear polvo del sueño y dejar que el viento lo lleve hacia su hijo y lo duerma. El campo de fuerza creado por Adremelch era muy fuerte y si lo violaba su hijo se daría cuenta.
Úvatar deseaba controlar a Adrmelech mientras estaba dormido. Si bien no sirvió con Luke . Estaba casi seguro de que funcionará con el demonio el tiempo suficiente para lograr sus propósitos.
Uvatar sonrió al ver a Adremelech casi retirar el campo de fuerza. Luego se posesionaría de él. Con Luke no sirvió por hacerlo desde muy lejos cuanto más cerca el control el sujeto no podría resistirse.
Espero que les haya gustado. Les deseo un buen fin de semana.
Hola
¿Cómo están? Hoy les traigo una autora que a
mi hermana le gusta mucho. Ya es
considerada una mejores autoras de misterio.
En el tranquilo pueblo de Ashleigh Green, bajo la plateada
luz de la luna, aparece un cadáver en medio del parque. Cuando el inspector
Hannasyde se hace cargo del caso se encuentra con una situación inaudita, pues
no sólo ninguna de las personas cercanas al acaudalado Arnold Vereker lamenta
su muerte, sino que nadie parece tener una coartada, ni muestra el menor
interés en simularla. ¡Y muchos tenían por lo menos un motivo! El inspector se
encontrará pronto envuelto en el «torbellino Vereker», esa impetuosa y rebelde
forma de comportarse de esta excéntrica familia. Giros inesperados y
revelaciones sorprendentes exigirán toda la paciencia y la sagacidad de
Hannasyde para desenredar la maraña. Para quienes se hayan deleitado con Aquí
hay veneno, la primera entrega de la serie de suspense de Georgette Heyer
ambientada en los años treinta, Muerte en el cepo es sin duda una lectura
esperada. Humor ácido, diálogos vertiginosos, enredos románticos y todo el glamur
de una época brillan en las páginas de esta gran autora que, sobre todo, sabe
atrapar al lector con sus inolvidables personajes.
Opinión
Personal. Es un libro muy divertido con mucho misterio y muy
buenos personajes se los recomiendo.
Les deseo un genial día.
Hola ¿Cómo están?
Esperó que les guste este fragmento, tiene menos acción pero con un poco romance
Luke se estremeció de pies a cabeza. Ella había vuelto a tomar las riendas y él volvió a prometerse a sí mismo que bajo ningún concepto le tomaría la delantera. Si solo trataba de provocarlo, lo soportaría. Tal vez aquel juego acabase con él, pero lo soportaría como otras veces.
Sabía que ella lo deseaba y lo amaba. Notaba sus pezones duros contra su pecho. Pero hasta que estuviese preparada, hasta que le pidiera lo contrario, se dominaría.
Ella le mordisqueó los labios.
— Te deseo, aun tengo miedo. Pero estoy lista.
Él volvió a tragar saliva.
—Anazareth, no creo…
—He soñado contigo todo el día. Aún recuerdo tus besos de esta mañana.—Susurró ella.
Él abrió los ojos y de nuevo creyó morir.
—¿Y qué has soñado?
—Que me tocabas y me hacías gritar.
Él bajó las manos a las nalgas y empezó a acariciarlas.
—¿Así?
—Justo así. Luego me hacías el amor. —Vaciló un momento y apartó la vista.
Él le tomó la barbilla con una mano mientras con la otra aferraba su nalga con fuerza.
—Mírame, por favor. —Aguardó hasta que sus pestañas se levantaron y desvelaron la tímida indecisión de su mirada—. Has soñado que hacía el amor contigo. ¿Y qué más?
Ella suspiró varias veces.
—Te gustaba —respondió finalmente.
Luke se sintió como si acabase de darle un puñetazo.
—Anazaret no se trata de que a mí me guste. A estas alturas, ¿aún no te has dado cuenta? Se trata de que nos guste a los dos. —La besó intensamente—. ¿Te ha gustado esto?
Ella asintió con un movimiento muy leve.
—Sí.
Le soltó la barbilla y con la mano le cubrió un pecho; oyó una inspiración brusca y notó que el pezón se erguía.
—¿Y esto?
Ella le pasó la lengua por los labios y retuvo el inferior entre sus dientes.
—Sí.
Él rozó con los nudillos el punto de unión de los muslos y notó cómo se estremecía.
—Y la otra noche, ¿te gustó?
—Ya sabes que sí.
Le cogió una de las manos, aún posadas en su cuello, y le besó la palma.
—Entonces te prometo que a mí me gustarán las mismas cosas. —Le bajó la mano hasta hacerle recorrer su erección con la punta de los dedos y, en respuesta, se puso tenso—. ¿Lo ves? A mí también me gusta. —La indecisión enturbió los ojos negros de Anazareth.
Luke quiso golpear a Azidahaka hasta cansarse por el daño que le hizo a Anazareth —. No tienes porqué hacer nada que no te apetezca —susurró, y los labios de ella adquirieron un gesto decidido. Fue como si él le plantease un reto—. Anazareth, no te estoy desafiando. Podemos dejarlo ahora mis…
Ella quiso besarlo y le tiró del cuello con tal fuerza que lo hizo ver las estrellas.
—Ni se te ocurra —suspiró en tono feroz—. No me trates como si fuese de cristal. Ya lo has hecho antes ¿Qué deseas? Sé sincero conmigo.
Luke no habría podido mentir aunque hubiese querido.
—Quería estar dentro de ti. Quiero sentir como tu cuerpo y mi cuerpo se unen. Quiero oírte gritar y suplicarme que siguiera. Lo deseaba más que el aire que respiro. ¿Te parece que he sido lo bastante sincero?
A Anazareth se le llenaron los ojos de lágrimas, pero parpadeó en un gesto retador para evitar derramarlas.
—Sí. Ahora, dime, si las cosas fueran normales… Si yo fuera normal…
Esta vez fue él quien la interrumpió estampándole un beso.
—No sigas. Tú no tienes nada de raro.
Los ojos negros de ella emitieron un intenso destello.
—Entonces demuéstramelo. Demuéstrame cómo se supone que funciona todo esto, porque siempre he querido saberlo.
Permanecieron un momento mirándose el uno al otro y Luke se percató de que ahora era ella quien lo desafiaba. Quería que la cortejara, que se mostrase enamorado. Y también se percató de otra cosa. Estaba muerto de miedo. Inspiró hondo y exhaló el aire poco a poco.
Ella esbozó una sonrisa y extendió las manos en su pecho desnudo.
Le besó la sien, la barbilla, el hueco de la garganta. Y la oyó suspirar . Luke no pudo aguardar más. Le invadió la boca con un beso que representaba todo cuanto deseaba y ella se lo devolvió con igual pasión. Deslizó los brazos alrededor de su cuello y apoyó todo su cuerpo en él. Luke aferró la redondez de sus nalgas con ambas manos, la levantó y la abrazó con fuerza, tal como había soñado.
Anazareth arqueó la espalda y suavizó el contacto hasta que él gimió y ambos se dejaron caer de rodillas. Con un movimiento ágil, la colocó de espaldas en el suelo y le sostuvo la cabeza con las manos.
Luego acercó su rostro al de ella. Todos los músculos de su cuerpo pedían a gritos que liberase la tensión contenida.
—Esto es lo que quería. —Se abrió paso entre los muslos de ella, ejerció presión con las caderas y detectó un centelleo en sus ojos—. Es lo que quise la primera vez que te vi.
—Es también lo que yo quiero —dijo Anazareth—. Muéstrame el resto, Luke, por favor.
Él retrocedió hasta quedar arrodillado. Le quitó la camiseta y al hacerlo la despojó también del sujetador. Ella levantó los brazos para ayudarlo y quedó desnuda hasta la cintura ante la mirada de él.
—Eres hermosa, Anazareth. —Se apoyó sobre los codos mientras ella permanecía tendida, pendiente de todos sus movimientos. Bajó la cabeza y le succionó el pezón con suavidad. Ella se agitaba bajo su cuerpo. Repitió el movimiento y ella arqueó la espalda para pedirle más. Pero él continuó con las suaves caricias, como suspiros en su piel. Hasta que la hizo gemir.
—Por favor.
—Por favor ¿qué?
Ella volvió a arquear la espalda. —Mierda, Luke ya lo sabes.
Él pasó la lengua por debajo de su pecho y el sabor salino de su piel le hizo prometerse que la haría sudar mucho más.
Él decidió tener compasión y concederle lo que no pedía por timidez, le rodeó el pecho con la boca y lo succionó; le rozó el pezón con la lengua y volvió a succionar. Ella gimió, hundió los dedos en su pelo y lo atrajo hacia sí. Y entonces él se dio por vencido. Le devoró primero un pecho y luego el otro, hasta que ella empezó a retorcerse.
—Madre mía —dijo entre jadeos.
Luke levantó la cabeza, presa del pánico y la resignación. —Por favor, no me pidas que pare ahora. Pero si lo deseas lo haré.
Ella levantó la cabeza del suelo y lo miró a los ojos.
—Si paras, te mato.
Él exhaló un pequeño suspiro de alivio. No estaba seguro de qué habría hecho si le hubiese pedido que se detuviera. Habría parado, pero… Le besó los pechos humedecidos y siguió por el estómago hasta el ombligo, espaciando los besos cada vez más.
Anazareth levantó las caderas.
Él se había deslizado por su cuerpo. Tenía los hombros entre los muslos de ella.
—Entonces te alegrarás de contar con un experto como yo —dijo en tono frívolo—. Eres muy impaciente. —Introdujo la boca entre sus piernas y ella gritó—. Dios, qué húmeda estás —dijo, y la miró a los ojos. Anazareth se incorporó apoyándose sobre los codos; sus ojos pedían más. Incapaz de esperar más, le bajó los pantalones de un tirón. Luego descendió sobre ella y enterró la boca en su cálida y húmeda excitación. Ella se tendió mientras exhalaba otro gemido entrecortado y se cubría los ojos con el brazo.
El vampiro se lanzó al banquete. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que sintió su sabor y Anazareth sabía a gloria. Unos gritos guturales y espasmódicos surgieron de la boca de ella y él aminoró el ritmo para durar al máximo su placer.
—¿Te gusta esto? —preguntó.
—Sí —respondió levantando las caderas—. Por favor. —Y unos gloriosos instantes después empezó a tensarse y extendió los brazos en busca de él. Él le cogió una mano mientras con la otra la rodeaba por detrás y la atraía hacia sí—. Luke. —Pronunció su nombre en un grito agudo y penetrante y él intensificó la presión hasta que ella se liberó al tiempo que emitía un largo y quedo gemido. Sus besos recorrieron suavemente la parte interior de sus muslos hasta que su respiración se tornó regular.
Su cuerpo exigía liberar la tensión contenida. Levantó la cabeza y al mirarla se dijo que nunca , olvidaría su aspecto en aquellos momentos. Estaba radiante, rebosante de placer.
Anazareth lo miró a los ojos.
—Seguimos —suspiró.
Él tragó saliva. — Me ayudas a desabrocharme el cinturón, y a bajarme la cremallera del pantalón.
Ella se sentó y lo ayudó a ponerse de rodillas.
—Pues te ayudo. —Y lo hizo. Tiró de la hebilla; sus pechos se agitaban con cada movimiento ante los ávidos ojos de él. Debido a la concentración, la punta de la lengua asomaba entre sus labios. Cuando al fin logró desabrocharla la bragueta
Las mejillas de Anazareth adquirieron un tono rosado; inclinó la cabeza y se concentró en su cintura. Le costó un poco desabrochar el botón, pero él dejó que lo hiciese por sí misma. Poco a poco bajó la cremallera. Exhaló un hondo suspiro. Tiró de los pantalones y de los calzoncillos hasta bajárselos a la altura de las rodillas y al suspirar de nuevo vio que él contenía la respiración. Lo acarició con vacilación y el aire retenido durante tanto rato surgió en un gemido gutural—. Dios, qué gusto. —Aquello debió de animarla, porque lo rodeó con la mano y ejerció presión, y él se supo a punto de estallar—. Para. —Le aferró el puño—. Quiero correrme dentro de ti. —Se despojó a patadas de los pantalones
Luego, se arrastró hasta colocarse entre sus piernas y la besó en la boca para volver a notar que se fundía con él—. No tengas miedo —susurró mientras la tendía de espaldas en el suelo.
Ella lo miró fijamente con los ojos muy abiertos.
—No tengo miedo.
Pero estaba asustada. Y él lo sabía. La única forma de disipar su temor era demostrarle qué se sentía. Empujó hondo y se estremeció al notar que ella lo rodeaba y contraía los músculos en señal de aceptación. La notó ardiente y tensa.
—¿Anazareth?
Su rostro parecía contrito, pero el miedo había desaparecido de sus ojos.
—No pares.
—No lo haré. No puedo. —Se retiró y volvió a hundirse en ella; Anazareth contuvo el aliento—. Llegados a este punto, te sugeriría… —Se interrumpió porque ella alzó las rodillas y lo asió con las caderas. Él se hundió aún más—. Oh, Dios. Sí, así. Muévete conmigo, Anazareth. —Hizo que sus cuerpos cimbrearan al compás. Háblame. Dime lo que sientes.
—Es increíble —gritó cuando él empujó. Extendió los brazos para aferrarlo por los hombros—. Nunca pensé…
En algún momento, él perdió el hilo de la conversación. Su cuerpo se había hecho con el control; siguió y siguió hasta que, desde la distancia, oyó el grito ahogado de ella, notó su cuerpo contraerse a su alrededor, y aquel placer catapultó el suyo. Apretó los dientes y empujó por última vez.
A continuación se hizo la calma. Aún jadeante, se colocó de lado sin dejar de abrazarla; suplicó que, ahora que había terminado, ella no se sintiese culpable ni se arrepintiese. No pensaba consentirlo. Era una hembra extraordinaria, aunque nunca lo reconocería. Pensó que era la hembra más extraordinaria del mundo; y en ese punto detuvo sus reflexiones porque, en medio del silencio que siguió a la plenitud, se había dado cuenta de que era muy afortunado.
Anazareth permanecía tendida, avanzando por el caleidoscopio de sensaciones con que él la había obsequiado; allí mismo, en el suelo de la cocina. Le estampó un beso perezoso en el pecho cubierto de vello y recostó la cabeza en su brazo. La sensación predominante en aquellos momentos era el alivio. Él había sentido placer; mucho placer, si se atrevía a considerarse apta para juzgarlo. No tenía gran experiencia, pero tampoco era idiota. Casi al final había estado a punto de darle un ataque al corazón de lo agitado que tenía el pulso. La forma en que había empujado, exhibiendo sus dientes apretados; la forma en que su cuerpo se había sacudido y convulsionado; el gemido al alcanzar el clímax. Sí, había sentido placer. Y ella también. No se había corrido una vez sino dos, y la sensación no se parecía en nada a lo que había imaginado.
Así pues, no soy frígida y no estoy dañada, pensó. Luego le dio un beso a Luke en la boca. Luego en voz baja le dijo —Te quiero.
Él la atrajo hacia sí y le dio un fuerte abrazo.
Oyeron ruidos. Alguien estaba cerca, lo más probable uno de los primos de Luke.
—Será mejor marcharnos.
— Si vamos por el segundo asalto.
Anazareth rio y volvió activar el hechizo de limpieza mientras los teletransportó a la habitación de Luke.
Blake pensó se alegró cuando abrió que la cocina estuviera limpia y sin su primo y su pareja. La vida no sería tan sencilla, pero Luke parecía feliz y eso era lo contaba para el cambia formas.
Espero que les haya gustado. Les deseo un buen fin de semana.
Hola ¿Cómo
están? Hoy les traigo una saga de
ciencia ficción , con toque dicótico y
romántico.
En un Futuro Desviado, el mundo ha sido remodelado. La
humanidad ha cambiado. Sin embargo, a pesar de todo, hay algo que sobrevive: el
amor.
Una herida devastadora le quita a Titan un brazo y una pierna, pero un encuentro
fortuito con una mujer en el Páramo los sustituye por un conjunto biónico. No
son simples miembros de metal. Su cuerpo habla con él. La presencia alienígena
le obliga a establecer un vínculo que le cuesta aceptar. Le cambia de formas
que no comprende, haciéndole temer que se este perdiendo a sí mismo.
Riella lleva toda la vida buscando la aceptación. Sin embargo, ciertas
habilidades la hacen no solo valiosa, sino también perseguida. Si cayera en las
manos equivocadas, o si de repente decidiera defenderse… podría tener la clave
para acabar con la Reina Esmeralda de una vez por todas.
Si prevalecen, ¿podrá un corazón de metal aprender a amar?
Opinión Personal. Es
un libro con mucha, acción algo de misterio y romance. En donde las
segundas oportunidades hacen que
los corazones se habrán. Se los
recomiendo.
Lindo día.
Hola ¿Cómo Están?
Estamos en una nueva semana para apreciar el hermoso mundo que nos rodea.