Hola ¿Cómo están?
Esperó que les guste este fragmento. Uvatar vuelve a atacar.
Capítulo 31
Lebara terminó sus tareas. Odiaba trabajar para Úvatar de la misma forma que una vez lo hizo para Billy el sangriento. Por lo menos Billy lo alimentaba y lo dejaba descansar.
A Úvatar le importaban poco sus ayudantes. No había prueba más contundente que ir al cuarto donde Azidahaka agonizaba. Aunque Lebara se moría de hambre prefirió llevar el poco alimento que quedaba para su amigo.
Azidahaka fue uno de los pocos seres que lo trató con respeto y simpatía. Se acercó y lo examinó
— ¿ Cómo te sientes? Te traje algo de comer.
Azidahaka apenas podía respirar menos tragar. El gesto aunque innecesario lo conmovió
— Estoy muriendo. Gracias por la comida. No tengo hambre.
— Debes mantenerte fuerte.
Azidahaka se rio convirtiendo su rostro en algo grotesco — Úvatar me necesita por su trampa no me va a dejar morir. Oye mi consejo si quieres seguir con vida sé útil y así no te dejará ir.
Lebara rascó su barbilla. Era un hombre de estatura pequeña, flaco, calvo con un poco de cabello rubio a los lados. De rostro ovalado y ojos azules pequeños . No era del tipo que despertara pasiones casi siempre era ignorado a pesar de ser muy inteligente.
— Prefiero morir, que seguir siendo esclavo.
Azidahaka suspiró — Si eso es lo que deseas. Recuerda lo que te dije ayer.
Lebara iba a responder cuando llegó Úvatar. — Así que me vas a traicionar — Furioso le mandó un rayo que hizo aullar de dolor a Lebara.
Minutos más tarde Úvatar se desmayó. El esfuerzo de crear el conjuro de sangre que convertirá a Anazaret y a sus hermanos en un despojo. También le afectó.
No esperaba que Lebara lo cuidara y menos que le quitara el dolor.
— ¿ Qué me hiciste?
— Solo lo cuide. Sufre del mismo mal que Billy . Le di...
—¿ Qué deseas?
— En este momento algo de comida y ser libre.
Luego del ataque, te dejaré marchar.
Lebara tuvo miedo que lo mate pero era mejor que seguir ahí.
— Ten —le dio una pastilla — ve al mundo humano y come algo.
Lebara se inclinó y dijo — Gracias, señor.
Luke se despertó cansado pero feliz de estar junto a la hembra que amaba. Nunca se había sentido así, miró el cabello negro de Anazareth sobre su almohada y hermoso rostro descansado sin preocupaciones y volvió a enamorarse más de ella.
Deseaba volver amarla y decirle con su cuerpo y con palabras todo lo que sentía. En lugar de eso la dejó dormir y se quedó observándola aprendiendo cada detalle sobre ella.
Minutos después Anazareth despertó.
— Hola.
— Buenos días — dijo Luke sonriendo.
Anazareth también le sonrió un poco cohibida de estar desnuda. Él le tomó de la mano.
—¿ Tienes hambre?
Anazareth asintió — Me muero de hambre. Ya me visto.
Luke le tocó la mejilla.
— Quédate en la cama y deja que te mime.
Anazareth se sonrojó y tímidamente dijo que — sí.
Ni bien se quedó sola se estiró en la cama mientras recordaba la forma en la que ella y Luke se amaron. Él fue tan tierno con ella y siempre la cuidaba. Y eso hacía que ella se enamorara cada vez más de él.
Esperaba no sonreír como psicópata por sentirse tan feliz. Miró a la ventana desde la cama, el día estaba soleado y fresco. Fue cuando sintió un ligero dolor en los dedos y en el cuello.
Sintió que algo malo pasaba y de repente el dolor fue tan insoportable que agradeció seguir en la cama. Recordó que Úvatar iba a utilizar esa la forma de hacerlo enfermar para lograr al de Luke.
Tembló de miedo al ver como sus manos y todo cuerpo se pudría. Reconocía el hechizo . Temió por sus hermanos y sobre todo por Luke estaba segura de que él iría hacia una trampa.
Espero que les haya gustado. Les deseo un buen fin de semana.












































