Hola ¿Cómo están?
Les deseo una buena semana.
Lens mando un beso
Hola ¿Cómo están?
Esperó que les guste este fragmento, tiene menos acción pero con un poco romance
Luke se estremeció de pies a cabeza. Ella había vuelto a tomar las riendas y él volvió a prometerse a sí mismo que bajo ningún concepto le tomaría la delantera. Si solo trataba de provocarlo, lo soportaría. Tal vez aquel juego acabase con él, pero lo soportaría como otras veces.
Sabía que ella lo deseaba y lo amaba. Notaba sus pezones duros contra su pecho. Pero hasta que estuviese preparada, hasta que le pidiera lo contrario, se dominaría.
Ella le mordisqueó los labios.
— Te deseo, aun tengo miedo. Pero estoy lista.
Él volvió a tragar saliva.
—Anazareth, no creo…
—He soñado contigo todo el día. Aún recuerdo tus besos de esta mañana.—Susurró ella.
Él abrió los ojos y de nuevo creyó morir.
—¿Y qué has soñado?
—Que me tocabas y me hacías gritar.
Él bajó las manos a las nalgas y empezó a acariciarlas.
—¿Así?
—Justo así. Luego me hacías el amor. —Vaciló un momento y apartó la vista.
Él le tomó la barbilla con una mano mientras con la otra aferraba su nalga con fuerza.
—Mírame, por favor. —Aguardó hasta que sus pestañas se levantaron y desvelaron la tímida indecisión de su mirada—. Has soñado que hacía el amor contigo. ¿Y qué más?
Ella suspiró varias veces.
—Te gustaba —respondió finalmente.
Luke se sintió como si acabase de darle un puñetazo.
—Anazaret no se trata de que a mí me guste. A estas alturas, ¿aún no te has dado cuenta? Se trata de que nos guste a los dos. —La besó intensamente—. ¿Te ha gustado esto?
Ella asintió con un movimiento muy leve.
—Sí.
Le soltó la barbilla y con la mano le cubrió un pecho; oyó una inspiración brusca y notó que el pezón se erguía.
—¿Y esto?
Ella le pasó la lengua por los labios y retuvo el inferior entre sus dientes.
—Sí.
Él rozó con los nudillos el punto de unión de los muslos y notó cómo se estremecía.
—Y la otra noche, ¿te gustó?
—Ya sabes que sí.
Le cogió una de las manos, aún posadas en su cuello, y le besó la palma.
—Entonces te prometo que a mí me gustarán las mismas cosas. —Le bajó la mano hasta hacerle recorrer su erección con la punta de los dedos y, en respuesta, se puso tenso—. ¿Lo ves? A mí también me gusta. —La indecisión enturbió los ojos negros de Anazareth.
Luke quiso golpear a Azidahaka hasta cansarse por el daño que le hizo a Anazareth —. No tienes porqué hacer nada que no te apetezca —susurró, y los labios de ella adquirieron un gesto decidido. Fue como si él le plantease un reto—. Anazareth, no te estoy desafiando. Podemos dejarlo ahora mis…
Ella quiso besarlo y le tiró del cuello con tal fuerza que lo hizo ver las estrellas.
—Ni se te ocurra —suspiró en tono feroz—. No me trates como si fuese de cristal. Ya lo has hecho antes ¿Qué deseas? Sé sincero conmigo.
Luke no habría podido mentir aunque hubiese querido.
—Quería estar dentro de ti. Quiero sentir como tu cuerpo y mi cuerpo se unen. Quiero oírte gritar y suplicarme que siguiera. Lo deseaba más que el aire que respiro. ¿Te parece que he sido lo bastante sincero?
A Anazareth se le llenaron los ojos de lágrimas, pero parpadeó en un gesto retador para evitar derramarlas.
—Sí. Ahora, dime, si las cosas fueran normales… Si yo fuera normal…
Esta vez fue él quien la interrumpió estampándole un beso.
—No sigas. Tú no tienes nada de raro.
Los ojos negros de ella emitieron un intenso destello.
—Entonces demuéstramelo. Demuéstrame cómo se supone que funciona todo esto, porque siempre he querido saberlo.
Permanecieron un momento mirándose el uno al otro y Luke se percató de que ahora era ella quien lo desafiaba. Quería que la cortejara, que se mostrase enamorado. Y también se percató de otra cosa. Estaba muerto de miedo. Inspiró hondo y exhaló el aire poco a poco.
Ella esbozó una sonrisa y extendió las manos en su pecho desnudo.
Le besó la sien, la barbilla, el hueco de la garganta. Y la oyó suspirar . Luke no pudo aguardar más. Le invadió la boca con un beso que representaba todo cuanto deseaba y ella se lo devolvió con igual pasión. Deslizó los brazos alrededor de su cuello y apoyó todo su cuerpo en él. Luke aferró la redondez de sus nalgas con ambas manos, la levantó y la abrazó con fuerza, tal como había soñado.
Anazareth arqueó la espalda y suavizó el contacto hasta que él gimió y ambos se dejaron caer de rodillas. Con un movimiento ágil, la colocó de espaldas en el suelo y le sostuvo la cabeza con las manos.
Luego acercó su rostro al de ella. Todos los músculos de su cuerpo pedían a gritos que liberase la tensión contenida.
—Esto es lo que quería. —Se abrió paso entre los muslos de ella, ejerció presión con las caderas y detectó un centelleo en sus ojos—. Es lo que quise la primera vez que te vi.
—Es también lo que yo quiero —dijo Anazareth—. Muéstrame el resto, Luke, por favor.
Él retrocedió hasta quedar arrodillado. Le quitó la camiseta y al hacerlo la despojó también del sujetador. Ella levantó los brazos para ayudarlo y quedó desnuda hasta la cintura ante la mirada de él.
—Eres hermosa, Anazareth. —Se apoyó sobre los codos mientras ella permanecía tendida, pendiente de todos sus movimientos. Bajó la cabeza y le succionó el pezón con suavidad. Ella se agitaba bajo su cuerpo. Repitió el movimiento y ella arqueó la espalda para pedirle más. Pero él continuó con las suaves caricias, como suspiros en su piel. Hasta que la hizo gemir.
—Por favor.
—Por favor ¿qué?
Ella volvió a arquear la espalda. —Mierda, Luke ya lo sabes.
Él pasó la lengua por debajo de su pecho y el sabor salino de su piel le hizo prometerse que la haría sudar mucho más.
Él decidió tener compasión y concederle lo que no pedía por timidez, le rodeó el pecho con la boca y lo succionó; le rozó el pezón con la lengua y volvió a succionar. Ella gimió, hundió los dedos en su pelo y lo atrajo hacia sí. Y entonces él se dio por vencido. Le devoró primero un pecho y luego el otro, hasta que ella empezó a retorcerse.
—Madre mía —dijo entre jadeos.
Luke levantó la cabeza, presa del pánico y la resignación. —Por favor, no me pidas que pare ahora. Pero si lo deseas lo haré.
Ella levantó la cabeza del suelo y lo miró a los ojos.
—Si paras, te mato.
Él exhaló un pequeño suspiro de alivio. No estaba seguro de qué habría hecho si le hubiese pedido que se detuviera. Habría parado, pero… Le besó los pechos humedecidos y siguió por el estómago hasta el ombligo, espaciando los besos cada vez más.
Anazareth levantó las caderas.
Él se había deslizado por su cuerpo. Tenía los hombros entre los muslos de ella.
—Entonces te alegrarás de contar con un experto como yo —dijo en tono frívolo—. Eres muy impaciente. —Introdujo la boca entre sus piernas y ella gritó—. Dios, qué húmeda estás —dijo, y la miró a los ojos. Anazareth se incorporó apoyándose sobre los codos; sus ojos pedían más. Incapaz de esperar más, le bajó los pantalones de un tirón. Luego descendió sobre ella y enterró la boca en su cálida y húmeda excitación. Ella se tendió mientras exhalaba otro gemido entrecortado y se cubría los ojos con el brazo.
El vampiro se lanzó al banquete. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que sintió su sabor y Anazareth sabía a gloria. Unos gritos guturales y espasmódicos surgieron de la boca de ella y él aminoró el ritmo para durar al máximo su placer.
—¿Te gusta esto? —preguntó.
—Sí —respondió levantando las caderas—. Por favor. —Y unos gloriosos instantes después empezó a tensarse y extendió los brazos en busca de él. Él le cogió una mano mientras con la otra la rodeaba por detrás y la atraía hacia sí—. Luke. —Pronunció su nombre en un grito agudo y penetrante y él intensificó la presión hasta que ella se liberó al tiempo que emitía un largo y quedo gemido. Sus besos recorrieron suavemente la parte interior de sus muslos hasta que su respiración se tornó regular.
Su cuerpo exigía liberar la tensión contenida. Levantó la cabeza y al mirarla se dijo que nunca , olvidaría su aspecto en aquellos momentos. Estaba radiante, rebosante de placer.
Anazareth lo miró a los ojos.
—Seguimos —suspiró.
Él tragó saliva. — Me ayudas a desabrocharme el cinturón, y a bajarme la cremallera del pantalón.
Ella se sentó y lo ayudó a ponerse de rodillas.
—Pues te ayudo. —Y lo hizo. Tiró de la hebilla; sus pechos se agitaban con cada movimiento ante los ávidos ojos de él. Debido a la concentración, la punta de la lengua asomaba entre sus labios. Cuando al fin logró desabrocharla la bragueta
Las mejillas de Anazareth adquirieron un tono rosado; inclinó la cabeza y se concentró en su cintura. Le costó un poco desabrochar el botón, pero él dejó que lo hiciese por sí misma. Poco a poco bajó la cremallera. Exhaló un hondo suspiro. Tiró de los pantalones y de los calzoncillos hasta bajárselos a la altura de las rodillas y al suspirar de nuevo vio que él contenía la respiración. Lo acarició con vacilación y el aire retenido durante tanto rato surgió en un gemido gutural—. Dios, qué gusto. —Aquello debió de animarla, porque lo rodeó con la mano y ejerció presión, y él se supo a punto de estallar—. Para. —Le aferró el puño—. Quiero correrme dentro de ti. —Se despojó a patadas de los pantalones
Luego, se arrastró hasta colocarse entre sus piernas y la besó en la boca para volver a notar que se fundía con él—. No tengas miedo —susurró mientras la tendía de espaldas en el suelo.
Ella lo miró fijamente con los ojos muy abiertos.
—No tengo miedo.
Pero estaba asustada. Y él lo sabía. La única forma de disipar su temor era demostrarle qué se sentía. Empujó hondo y se estremeció al notar que ella lo rodeaba y contraía los músculos en señal de aceptación. La notó ardiente y tensa.
—¿Anazareth?
Su rostro parecía contrito, pero el miedo había desaparecido de sus ojos.
—No pares.
—No lo haré. No puedo. —Se retiró y volvió a hundirse en ella; Anazareth contuvo el aliento—. Llegados a este punto, te sugeriría… —Se interrumpió porque ella alzó las rodillas y lo asió con las caderas. Él se hundió aún más—. Oh, Dios. Sí, así. Muévete conmigo, Anazareth. —Hizo que sus cuerpos cimbrearan al compás. Háblame. Dime lo que sientes.
—Es increíble —gritó cuando él empujó. Extendió los brazos para aferrarlo por los hombros—. Nunca pensé…
En algún momento, él perdió el hilo de la conversación. Su cuerpo se había hecho con el control; siguió y siguió hasta que, desde la distancia, oyó el grito ahogado de ella, notó su cuerpo contraerse a su alrededor, y aquel placer catapultó el suyo. Apretó los dientes y empujó por última vez.
A continuación se hizo la calma. Aún jadeante, se colocó de lado sin dejar de abrazarla; suplicó que, ahora que había terminado, ella no se sintiese culpable ni se arrepintiese. No pensaba consentirlo. Era una hembra extraordinaria, aunque nunca lo reconocería. Pensó que era la hembra más extraordinaria del mundo; y en ese punto detuvo sus reflexiones porque, en medio del silencio que siguió a la plenitud, se había dado cuenta de que era muy afortunado.
Anazareth permanecía tendida, avanzando por el caleidoscopio de sensaciones con que él la había obsequiado; allí mismo, en el suelo de la cocina. Le estampó un beso perezoso en el pecho cubierto de vello y recostó la cabeza en su brazo. La sensación predominante en aquellos momentos era el alivio. Él había sentido placer; mucho placer, si se atrevía a considerarse apta para juzgarlo. No tenía gran experiencia, pero tampoco era idiota. Casi al final había estado a punto de darle un ataque al corazón de lo agitado que tenía el pulso. La forma en que había empujado, exhibiendo sus dientes apretados; la forma en que su cuerpo se había sacudido y convulsionado; el gemido al alcanzar el clímax. Sí, había sentido placer. Y ella también. No se había corrido una vez sino dos, y la sensación no se parecía en nada a lo que había imaginado.
Así pues, no soy frígida y no estoy dañada, pensó. Luego le dio un beso a Luke en la boca. Luego en voz baja le dijo —Te quiero.
Él la atrajo hacia sí y le dio un fuerte abrazo.
Oyeron ruidos. Alguien estaba cerca, lo más probable uno de los primos de Luke.
—Será mejor marcharnos.
— Si vamos por el segundo asalto.
Anazareth rio y volvió activar el hechizo de limpieza mientras los teletransportó a la habitación de Luke.
Blake pensó se alegró cuando abrió que la cocina estuviera limpia y sin su primo y su pareja. La vida no sería tan sencilla, pero Luke parecía feliz y eso era lo contaba para el cambia formas.
Espero que les haya gustado. Les deseo un buen fin de semana.
Hola ¿Cómo
están? Hoy les traigo una saga de
ciencia ficción , con toque dicótico y
romántico.
En un Futuro Desviado, el mundo ha sido remodelado. La
humanidad ha cambiado. Sin embargo, a pesar de todo, hay algo que sobrevive: el
amor.
Una herida devastadora le quita a Titan un brazo y una pierna, pero un encuentro
fortuito con una mujer en el Páramo los sustituye por un conjunto biónico. No
son simples miembros de metal. Su cuerpo habla con él. La presencia alienígena
le obliga a establecer un vínculo que le cuesta aceptar. Le cambia de formas
que no comprende, haciéndole temer que se este perdiendo a sí mismo.
Riella lleva toda la vida buscando la aceptación. Sin embargo, ciertas
habilidades la hacen no solo valiosa, sino también perseguida. Si cayera en las
manos equivocadas, o si de repente decidiera defenderse… podría tener la clave
para acabar con la Reina Esmeralda de una vez por todas.
Si prevalecen, ¿podrá un corazón de metal aprender a amar?
Opinión Personal. Es
un libro con mucha, acción algo de misterio y romance. En donde las
segundas oportunidades hacen que
los corazones se habrán. Se los
recomiendo.
Lindo día.
Hola ¿Cómo Están?
Estamos en una nueva semana para apreciar el hermoso mundo que nos rodea.
Hola ¿Cómo están?
Esperó que les guste este fragmento, tiene menos acción pero con un poco romance
Anazareth apenas podía dormir. Aún tenía presente las palabras de Úvatar que deseaba hacerle daño. Estaba segura de que era con el afán de doblegar a Luke.
No había dicho nada a nadie para no preocuparlos. El único que sabía o sospechaba algo era Super One, aunque no le había dicho nada. Ella miraba como siempre que Luke no estaba él se quedaba a su lado con el afán de protegerla.
Luke tiró de ella y le abrazó muy fuerte. Desde que descubrió lo que ocurrió con su madre. Se quedaba todo su tiempo libre con el vampiro. Su relación se había convertido en algo serio.
Aunque aún los miedos que le causó su hermano Azidahaka le habían impedido consumar la relación hasta el final. Pero ya se sentía cómoda con su cuerpo y con su deseo, En parte porque ella se había aceptado y en parte debido a Luke.
El vampiro era tan dulce y paciente con ella. Lo amaba con su silencio, cuando tocaba y con su mirada la tocaba aun antes de sus manos. Hasta le gustaba su tono sarcástico cuando no le gustaba algo.
Luke sabía que algo preocupaba a Anazareth desde hace dos días.
— ¿Qué pasa?
— Nada.
Luke tomó su barbilla ambos estaban desnudos en la cama ya que momentos antes estuvieron acariciándose. Luego la beso. Minutos después le dijo — Mientras estemos juntos, todo saldrá bien.
A la mañana siguiente y aun con sueño. Anazareth se dirigió a acompañada de Super One al palacio del viento morada de su abuela. Ella los esperaba a acompañada de una Petunia muy nerviosa y de Belowen al borde del colapso. también se encontraban un poco incomoda las chicas que fueron refugiadas de Tamar.
Ux llegó puntual aunque parecía disgustado en especial con Super One. Pero cuando le contaron lo que pasó con Tamar quiso conocer tanto a Petunia, Belowen y las otras chicas.
Luego se ofreció a darles clases y conocer el bosque de Belowen. Todos parecían muy animados menos su abuela cuando nadie la miraba observaba a Ux con embeleso. Lo mismo pasaba con el guardián de las flores malditas.
Ella no conocía las razones por las que ellos se alejaron, pero no quería que su amor por Luke acabara así. Se prometió dejar sus miedos y lanzarse de lleno a esa relación. Esperando que continúe como hasta hoy. Su abuela le decía que el amor se hace día.
Luke se encontraba preocupado por Anazareth ella le ocultaba algo. Lo mejor era darle tiempo para que ella le diga lo que le inquieta. Sinclair su primo y el encargado de la compañía de ambos. Le pateó por debajo de la mesa mientras en voz baja le decía — Responde.
Luke ni siquiera sabía la pregunta. Tratando de mirar a su primo, le dijo al interlocutor y posible socia de una de sus empresas que le repitiera la pregunta.
Luego de dos horas de reuniones y regaños por parte de su primo por fin pudo volver a Escocia. Aunque no esperaba ver a Anazareth hasta la noche en la reunión de trabajo que tenían para capturar a Üvatar.
Así que cuando la vio se puso a sonreír como bobo y su corazón latiera como lo hacían los de los humanos hubiera sonado como un trombón.
Ella se acercó y le dio un beso. Muy pocas veces Anazareth tomaba la iniciativa, ella cada vez estaba más segura y sin miedo a sus deseos.
— Me alegra verte.
— Pensé que podría ayudar. Heli, Belowen y Petunia también están aquí para ayudar.
Luke la beso conmovido. Ella era tan especial que siempre sacaba tiempo para ayudarlo y cuidarlo. Él haría todo para que su relación funcione se prometió.
La reunión fue una pérdida de tiempo Luke cansado bostezaba. Mientras tomaba un poco de sangre. Le encantaba que Anazareth no le diera asco cuando lo hacía como ocurría con sus primos.
Cuando todos se habían ido a descansar solo se quedaron Luke y Anazareth acabando de limpiar. La demonia utilizó un hechizo de magia para terminar más rápido.
— Eso es hacer trampa.
Anazareth sonrió y se acercó a Luke puso las palmas de las manos en su pecho y hurgó con los dedos en su vello, luego las movió arriba y abajo para darle placer, tal como él le había enseñado. El vampiro le acarició la espalda. Se moría de ganas de abrazarla con fuerza, de apretarla contra sí, de introducirse en ella, de notar que se estremecía abrazada a él. Por suerte, en el último momento su mente tomó el control de la situación y detuvo las manos en sus caderas. Gimió junto a sus labios y se apartó.
—No quiero forzarte a ser algo que no deseas o estés lista.
Ella respiraba con igual agitación que él.
—No lo haces. Yo decido cuando estoy lista no tú —Se puso de puntillas para rodearle el cuello con los brazos y al hacerlo sus pechos ejercieron presión en él—. Dormimos juntos, me has visto desnuda y me has dado placer. Siempre me cuidas —susurró pegada a su boca, y a continuación lo besó con suavidad—. ¿Por qué?
La boca se le secó de golpe.
—Porque, te quiero.
Ella sacudió la cabeza y con el movimiento rozó sus labios.
—Prueba otra respuesta.
Él cerró los ojos y bajó los dedos hasta rozar el principio de la curva de sus nalgas. El pantalón negro de cuero realzaban las curvas de su cuerpo.
— Yo también tengo miedo, te deseo tanto.
Les deseo un buen fin de semana.
Hola ¡Cómo
están? Hoy les traigo un libro que me gustó mucho tiene un toque
de terror y mucho misterio.
Mark Frost, creador de Twin Peaks, nos sumerge en una
Londres victoriana envuelta en brumas, donde las sociedades secretas mueven los
hilos del poder, los complots se tejen en la penumbra, y donde un joven Arthur
Conan Doyle se enfrenta a una amenaza que desdibuja los límites de la razón.
Navidad de 1884.
El joven médico y aspirante a escritor Arthur Conan Doyle es
invitado a una sesión de espiritismo en una casa del East End londinense. La velada
da un giro macabro cuando dos personas son brutalmente asesinadas, y el propio
Doyle está a punto de correr la misma suerte. Su salvador es Jack Sparks, un
enigmático aventurero y maestro del disfraz que afirma ser agente especial al
servicio de Su Majestad la Reina Victoria. Sparks revela a Doyle que ha sido
marcado como objetivo por una siniestra secta de satanistas conocida como la
Hermandad Oscura. Unidos por el peligro, Doyle y Sparks se embarcan en una
trepidante persecución que los llevará desde los oscuros callejones de Londres
hasta los rincones más remotos de Europa, enfrentándose a amenazas tanto
humanas como sobrenaturales. Su única pista es una lista con siete nombres: los
líderes de la Hermandad. En su camino, se cruzarán con sociedades ocultistas,
practicantes de magia negra, gárgolas que cobran vida, científicos desquiciados
y figuras emblemáticas como Madame Blavatsky y Bram Stoker. El destino del
Imperio británico pende de un hilo, y solo ellos pueden evitar su caída.
La lista de los siete es un festín para los amantes del
folletín decimonónico, un caleidoscopio de aventura en el que un joven Conan
Doyle, aún lejos de la celebridad, se ve envuelto en una espiral de enigmas.
Entre el fulgor de las lámparas de gas y el eco de los pasos en callejones
desiertos, Mark Frost rinde homenaje a las novelas de aventuras victorianas,
con una trama que mantiene al lector en vilo hasta la última página.
Opinión Personal. Es
un gran libro de aventuras y sobre todo
es un homenaje a Arthur Conan Doyle
y a su
emblemático personaje Sherlock
Holmes. Es un libro con una buena narración, buenos personajes y muy bien ambientado. Si les gusta el misterio, es un libro que
les recomiendo.
Les deseo un
lindo día.
Hola ¿Cómo están?
Empezamos un nuevo mes Y una buena semana llena de sueños e inspiraciones