Hola ¿Cómo están?
Esperó que les guste este fragmento, tiene menos acción pero con un poco romance
Capítulo 29
Anazareth apenas podía dormir. Aún tenía presente las palabras de Úvatar que deseaba hacerle daño. Estaba segura de que era con el afán de doblegar a Luke.
No había dicho nada a nadie para no preocuparlos. El único que sabía o sospechaba algo era Super One, aunque no le había dicho nada. Ella miraba como siempre que Luke no estaba él se quedaba a su lado con el afán de protegerla.
Luke tiró de ella y le abrazó muy fuerte. Desde que descubrió lo que ocurrió con su madre. Se quedaba todo su tiempo libre con el vampiro. Su relación se había convertido en algo serio.
Aunque aún los miedos que le causó su hermano Azidahaka le habían impedido consumar la relación hasta el final. Pero ya se sentía cómoda con su cuerpo y con su deseo, En parte porque ella se había aceptado y en parte debido a Luke.
El vampiro era tan dulce y paciente con ella. Lo amaba con su silencio, cuando tocaba y con su mirada la tocaba aun antes de sus manos. Hasta le gustaba su tono sarcástico cuando no le gustaba algo.
Luke sabía que algo preocupaba a Anazareth desde hace dos días.
— ¿Qué pasa?
— Nada.
Luke tomó su barbilla ambos estaban desnudos en la cama ya que momentos antes estuvieron acariciándose. Luego la beso. Minutos después le dijo — Mientras estemos juntos, todo saldrá bien.
A la mañana siguiente y aun con sueño. Anazareth se dirigió a acompañada de Super One al palacio del viento morada de su abuela. Ella los esperaba a acompañada de una Petunia muy nerviosa y de Belowen al borde del colapso. también se encontraban un poco incomoda las chicas que fueron refugiadas de Tamar.
Ux llegó puntual aunque parecía disgustado en especial con Super One. Pero cuando le contaron lo que pasó con Tamar quiso conocer tanto a Petunia, Belowen y las otras chicas.
Luego se ofreció a darles clases y conocer el bosque de Belowen. Todos parecían muy animados menos su abuela cuando nadie la miraba observaba a Ux con embeleso. Lo mismo pasaba con el guardián de las flores malditas.
Ella no conocía las razones por las que ellos se alejaron, pero no quería que su amor por Luke acabara así. Se prometió dejar sus miedos y lanzarse de lleno a esa relación. Esperando que continúe como hasta hoy. Su abuela le decía que el amor se hace día.
Luke se encontraba preocupado por Anazareth ella le ocultaba algo. Lo mejor era darle tiempo para que ella le diga lo que le inquieta. Sinclair su primo y el encargado de la compañía de ambos. Le pateó por debajo de la mesa mientras en voz baja le decía — Responde.
Luke ni siquiera sabía la pregunta. Tratando de mirar a su primo, le dijo al interlocutor y posible socia de una de sus empresas que le repitiera la pregunta.
Luego de dos horas de reuniones y regaños por parte de su primo por fin pudo volver a Escocia. Aunque no esperaba ver a Anazareth hasta la noche en la reunión de trabajo que tenían para capturar a Üvatar.
Así que cuando la vio se puso a sonreír como bobo y su corazón latiera como lo hacían los de los humanos hubiera sonado como un trombón.
Ella se acercó y le dio un beso. Muy pocas veces Anazareth tomaba la iniciativa, ella cada vez estaba más segura y sin miedo a sus deseos.
— Me alegra verte.
— Pensé que podría ayudar. Heli, Belowen y Petunia también están aquí para ayudar.
Luke la beso conmovido. Ella era tan especial que siempre sacaba tiempo para ayudarlo y cuidarlo. Él haría todo para que su relación funcione se prometió.
La reunión fue una pérdida de tiempo Luke cansado bostezaba. Mientras tomaba un poco de sangre. Le encantaba que Anazareth no le diera asco cuando lo hacía como ocurría con sus primos.
Cuando todos se habían ido a descansar solo se quedaron Luke y Anazareth acabando de limpiar. La demonia utilizó un hechizo de magia para terminar más rápido.
— Eso es hacer trampa.
Anazareth sonrió y se acercó a Luke puso las palmas de las manos en su pecho y hurgó con los dedos en su vello, luego las movió arriba y abajo para darle placer, tal como él le había enseñado. El vampiro le acarició la espalda. Se moría de ganas de abrazarla con fuerza, de apretarla contra sí, de introducirse en ella, de notar que se estremecía abrazada a él. Por suerte, en el último momento su mente tomó el control de la situación y detuvo las manos en sus caderas. Gimió junto a sus labios y se apartó.
—No quiero forzarte a ser algo que no deseas o estés lista.
Ella respiraba con igual agitación que él.
—No lo haces. Yo decido cuando estoy lista no tú —Se puso de puntillas para rodearle el cuello con los brazos y al hacerlo sus pechos ejercieron presión en él—. Dormimos juntos, me has visto desnuda y me has dado placer. Siempre me cuidas —susurró pegada a su boca, y a continuación lo besó con suavidad—. ¿Por qué?
La boca se le secó de golpe.
—Porque, te quiero.
Ella sacudió la cabeza y con el movimiento rozó sus labios.
—Prueba otra respuesta.
Él cerró los ojos y bajó los dedos hasta rozar el principio de la curva de sus nalgas. El pantalón negro de cuero realzaban las curvas de su cuerpo.
— Yo también tengo miedo, te deseo tanto.
Les deseo un buen fin de semana.










No hay comentarios.:
Publicar un comentario